El Evangelio

Evangelio según San Lucas 9,51-62.
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

jueves, 5 de mayo de 2011

Libro recomendado: "Orar despues de Freud" de Carlos Dominguez Morano


De siempre, el tema del valor y la función de la oración ha ocupado a teólogos y maestros de espiritualidad, así como a psicólogos y psiquiatras. La crítica de la religión llevada a cabo por Sigmund Freud planteó de un modo aún más agudo la sospecha sobre esta actividad, que hay que considerar como fundamental en la experiencia religiosa. Después de Freud, el psicoanálisis no dejó de replantearse la cuestión desde las diversas ópticas de sus distintas escuelas. El presente trabajo, que requiere por parte del lector algun conocimiento del psicoanálisis aborda el tema partiendo de las interrogaciones freudianas y en continuidad con posteriores teorizaciones psicoanalíticas sobre el hecho religioso. Las imágenes del Dios que nace en nosotros a partir de las incidencias biográficas que marcan nuestras vidas constituyen un objeto preferente de la reflexión. Orar es un acto psíquico con amplias resonancias en el campo de la afectividad. Hablamos a Dios desde nuestro deseo, y es desde ese mismo ámbito del desear, desde donde pretendemos hacer oír la voz y la voluntad de ese mismo Dios sobre nosotros. Asunto delicado, sin duda, expuesto a todo tipo de ambigüedades y en el que pueden confundirse las voces del Dios de Jesús con las de lo infantil y lo ilusorio.

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