El Evangelio

Evangelio según San Lucas 9,51-62.
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

martes, 24 de agosto de 2010

María, Madre de Dios y Madre Nuestra: "Con delantal y cocinando"


Fragmento del libro Mi cuarto día de Benjamín Furlán


Agosto tiene una fiesta muy grande de la Madre de la Iglesia: su asunción en cuerpo y alma al cielo.Estamos muy acostumbrados a ver a la Virgen en el cielo, con una grandeza y gloria inmensas, pero nos olvidamos un poco que ella primeramente estuvo en la tierra y que fabricó aquí la gloria que allá tiene.No voy a escribir lo que la Virgen es en el cielo, sino lo que fue en la tierra, en nuestra tierra, que es también su tierra. De aquí el título: con delantal y cocinando.¿Imaginamos que, porque era la Madre de Dios, la Inmaculada, la llena de gracia, ella vivió una vida fuera de lo normal? No. Vivió una vida totalmente normal, como cualquier mujer de su tiempo, esposa y madre de su tiempo.A veces, viendo ciertos cuadros, casi nos sentimos inclinados a pensar que los ángeles estaban todo el día al servicio de la Madre de Dios o que ella tenía en su casa unas cuantas emplea das domésticas.Nada de eso. San Bernardo escribe hermosamente: el único cadete que la Virgen tenia en su casa para los mandados era el muchachito Jesús.Para qué más, para qué menos.Ella vivía en su hogar cumpliendo con sus deberes de esposa y de madre:-Tenía que cocinar todos los días como las mujeres de su tiempo y como las mujeres de hoy: ¿cuándo tendremos en nuestras manos una estampa de la Virgen con delantal y cocinando?-La limpieza de la casa la hacía ella misma, como le correspondía:¿cuándo tendremos una estampa de la Madre de Dios con la escoba en la mano y barriendo?-La ropa de la casa la lavaba ella y no otra: ¿cuándo tendremos una estampa de María lavan do la ropa?-Como sus vecinas, debía ir a buscar el agua al pozo común con su cántaro a cuestas; el niño-Dios, cuando ya caminaba, iría junto a ella, agarrado quizás a sus polleras; qué cuadro tan natural, tan evangélico, tan normal, tan simpático, tan humano; jamás mujer alguna lució brillante de tanto valor, como ese niño-Dios prendido de los vestidos de la Virgen, yendo y viniendo al pozo común de agua.-Cuando tuvo que huir a Egipto para salvar la vida del niño, ella fue amontonando sueño y cansancio, como nos pasa a nosotros en un largo viaje; tal vez, como humana y pobre que era, tuvo que gustar el hambre, y ya sabemos que el sabor más desagradable es el sabor del hambre.Buena lección para nosotros, los cristianos marchitos de esta hora, que queremos lucir y aparecer y estar donde no debemos estar. "La Virgen María se fue santificando en la tierra; toda la santidad que tiene ahora en el cielo la acumuló aquí, haciendo lo que tenía que hacer.A Dios le interesa poco lo que hacemos, pero sí le interesa mucho cómo y por qué lo hacemos.Aunque nosotros no lleguemos a medir el alcance o proyección de nuestras palabras, de nuestros actos o de nuestra vida, no importa.Pemán tiene un pensamiento que confirma lo que digo:El encanto de las rosases que siendo tan hermosasno conocen que lo son. Tampoco hagamos mucho caso de los juicios humanos; sí de los juicios de Dios respecto de nuestras palabras, de nuestros actos y de nuestra vida, porque los juicios humanos son como el viento: aveces acarician, aveces castigan.Me gusta mucho ver a la Virgen evangélica que reza cuando tiene que rezar, pero que cocina cuando tiene que cocinar, y que, rezando y cocinando, va juntando energías espirituales que están tan apretadas en su corazón, como puñado de semilla, como la levaduradel evangelio.¿Por qué tenemos que sacarla, en su existencia terrena, del marco normal y humano en que ella vivió?Los maestros siembran alfabetos en nuestra tierra; la Virgen, haciendo lo que tenía que hacer, fue sembrando alfabeto de evangelio a su alrededor.Ella fue la Madre de la Palabra en el silencio.San Lucas (2, 51) dice: su Madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.Me la imagino toda amable, simpática, santísima, abierta a las necesidades ajenas, caritativa, humana, muy amiga del silencio, pues el silencio siempre es unidad; mujer que sabía administrar muy bien la palabra y el silencio. Ella hacía las tareas de la casa que, muchas veces, aburren y cansan, cada día con un amor nuevo y con una entrega siempre fresca, sin desmayos, sin lagunas, aunque todo esto no le quitaba el cansancio físico, propio de cualquier mortal.Ella sabía que haciendo lo que tenia que hacer no araba en el mar. Esto lo entiende cualquiera, como entendemos fácilmente que nadie se puede agarrar de las paredes, del techo o de las estrellas.El que trabaja lleva pegado a sus manos su propio trabajo. La Virgen llevaba pegado a sus manos de Madre de Dios su propio trabajo de la cocina, de la escoba, limpieza, arreglo de la casa...Estas líneas sirven para todos los cristianos indistintamente, hombres y mujeres, porque llevan un único mensaje: cumplir con nuestro deber, con nuestro trabajo, cualquiera que él sea, como lo hizo la Virgen. No nos santifica el puesto que ocupamos en la Iglesia o el trabajo que realizamos en el mundo; somos nosotros quienes santificamos el puesto y el trabajo, cumpliendo con nuestro deber.Pero quisiera dedicar estas líneas, de modo especial, a las madres que se pasan todo el día en casa, en medio de ollas y cacerolas; también entre las ollas y el puchero está Dios, dice santa Teresa; con la escoba, con la ropa, arreglo de la casa, los hijos...; queridas madres, la Virgen no hizo otra cosa.Dios hizo en ella grandes cosas, pero también ella trató de hacer grandes las cosas pequeñas de cada día y de la casa.La Virgen es muy grande como Madre de Dios, pero no es menos grande con la escoba en la mano.Se nos presenta muy simpática y hermosa con el niño-Dios en brazos, pero no es menos simpática y hermosa con el cántaro de agua.El 15 de agosto la vemos llena de gloria en el cielo, pero esa gloria la adquirió aquí en la tierra con delantal y cocinando...