El Evangelio

Evangelio según San Lucas 9,51-62.
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

lunes, 29 de junio de 2009

La Psicología ante la Gracia (Introducción al tema)





El presente artículo está basado en las Jornadas de Psicología realizadas los dias 8 y 9 de Agosto de 2008 en la Universidad Católica Argentina a las cuales pude asistir. La autora es la Lic. Zelmira Seligmann, una de las organizadoras de este evento.

Autor: Zelmira Seligmann
Fuente: Jornadas "Psicología ante la Gracia-La confianza en la Gracia"
Fundamento y guía principal de la tarea del Psicólogo

La confianza en la Gracia

Hoy en día la Psicología, cumpliendo de alguna manera el proyecto nietzscheano de “señora de las ciencias”, aparece en todos los ámbitos donde se mueve el hombre mismo. Por eso nos referiremos a la tarea del psicólogo en un sentido amplio, en las diversas áreas en que se requiere generalmente su presencia, en las distintas situaciones a las que se enfrenta, y en las que los demás ponen exageradas expectativas respecto de la resolución de problemas. La Psicología se ha forjado, en el mundo actual, para el común de la gente –y hasta en muchos de ámbitos académicos una cierta imagen de omnipotencia. Y hasta en los ambientes más religiosos ha penetrado reemplazando la verdadera vida espiritual y la mística cristiana. Esto no nos extraña, ya que es heredera de la filosofía moderna, y realiza sus ideales antropocéntricos de superioridad de la ciencia humana y de su método. Por eso vemos que pretende dar pautas indiscutibles de conducta: en la educación, en la salud y la enfermedad, en las crisis vitales, en el discernimiento vocacional, en la elección profesional, en las relaciones familiares, institucionales, sociales, etc. Y todavía más, muchas veces se le exige al psicólogo hacer pronósticos certeros sobre la vida entera de una persona, con una proyección de futuro más propia de Dios que de los hombres. Debido a esto, hablaremos del psicólogo como aquel que se enfrenta a un hombre que ciertamente no se encuentra en el estado de naturaleza íntegra (donde la mente estaba sometida a Dios), pero tampoco totalmente corrompido como pretende Lutero y el protestantismo, Freud y el psicoanálisis, y también muchas corrientes de psicología de raíz moderna. Nuestra posición se ubica en el reconocimiento del hombre que posee una naturaleza caída, con un severo desorden en su personalidad, pero que tiene la posibilidad de ser restaurada y sanada por la gracia. El hombre no puede llegar a su plenitud como hombre, si no es por la gracia. No puede llegar a ser plenamente “sano” y ordenado psíquicamente, si no es con la ayuda de la gracia. Por eso el psicólogo en su tarea, debe confiar en la gracia, es decir, deber tener fe en la realidad de la gracia de Dios, en su efectiva acción en el alma y en su dinamismo, que la eleva al fin último sobrenatural. Y esto plantea también un tema polémico y urticante para muchos –aún entre los psicólogos católicos y es si el psicólogo es mejor si tiene fe, y hasta si es bueno que de testimonio de su fe. ¿Es lo mismo un psicólogo con fe, que uno sin fe? ¿Es mejor un psicólogo que confía más en la omnipotencia de la Psicología que uno que confía en el poder de la gracia de Dios y trata de ser un buen instrumento? Pero avancemos en el desarrollo de los temas e iremos develando estas cuestiones.
Fuente: Catholic.net

miércoles, 24 de junio de 2009

Nota: Psicología y fe católica




La Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Cuyo, organizó un posgrado sobre el tema “Psicología y Religión: hacia una integración”, destinado a profesionales de la salud, estudiantes y religiosos. La última conferencia estuvo a cargo de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis, quien habló sobre “Psicología y fe católica”. Algunos de sus conceptos los ofrecemos a continuación.

* Toda psicología, lo reconozca o no, supone una antropología. Desde esa perspectiva intentaremos desarrollar el amplísimo tema que se nos ha asignado.

* La fe nos propone verdades que sin contradecir a la razón, la iluminan desde un plano superior, sobrenatural. Son los misterios revelados por Dios al hombre sobre la naturaleza divina y humana. La primera de esas grandes verdades es la de nuestra condición de creaturas, semejantes a nuestro Creador. Fuimos hechos así -de la nada- por amor y para poder amarlo.

* Por nuestra intrínseca limitación de creaturas, podemos hacer de nuestra pequeñez un refugio defensivo que nos coarte la vida y la humildad deja de serlo para convertirse en su falso sustituto: la pusilanimidad. Y en el otro extremo, el anhelo de excelencia puede desordenarse y retorcido sobre sí mismo transformarse en la falsa magnanimidad: la soberbia.

* La segunda de las grandes verdades antropológicas es un desarrollo particular de la primera. Como creaturas semejantes a nuestro Creador, no somos seres solamente corpóreos, sino también espirituales, cuerpo y alma y, por lo tanto, inteligentes y libres.

* La tercera verdad antropológica se vincula también a la primera. El ser humano es al mismo tiempo persona individual y ser social. Así es imagen de Dios y así está destinado a parecerse a Dios en el amor, que es el sentido de su vida. Dios agrega un don sobrenatural de divinización del amor humano -que llamamos caridad- que le permite al hombre responder libremente al infinito amor de Dios y así alcanzar aquella plenitud del amor humano a que nos hemos referido. Fe, esperanza y caridad, tres dones sobrenaturales sin los cuales la antropología cristiana resultaría una pretensión desmesurada.

* La cuarta verdad sobre el hombre nos enfrenta con el misterio del mal moral y del sufrimiento. Siendo seres creados por un Dios infinitamente bueno, ¿cómo es posible que exista entre nosotros una tendencia al mal, que es en definitiva la mayor causa de nuestros sufrimientos? El misterio, revelado, es que nuestra naturaleza original sufrió una terrible caída, por nuestra propia culpa. Y que ante esa caída la respuesta de Dios fue un acto de amor infinito, que jamás hubiéramos podido imaginar. Distinguir entre el bien y el mal moral y reconocer lo que haya en nosotros de culpa, de responsabilidad por el mal consciente y voluntariamente elegido, no es por lo tanto un proceso enfermizo, sino el comienzo de nuestra curación. Es la esperanza que nos brinda Jesucristo y no conduce a la amargura y al desprecio por sí mismo, sino a la alegría de una vida auténticamente renovada. Es la quinta verdad que nos propone la antropología cristiana. Vivimos nuestra vida presente en el tiempo y por consiguiente en el cambio, de sentido creciente al comienzo y luego declinante hasta que llegamos a nuestra muerte corporal. Pero ese no es el fin de nuestra existencia. Estamos destinados a trascender el tiempo y alcanzar nuestra vida futura y definitiva en la eternidad. Ser cristiano es vivir esta verdad de fe en la esperanza, anhelo y confianza plena en el amor de Dios triunfante.
Fuente: aica.org

Libro Recomendado: "El Amor a nosotros mismos" del P.Ricardo Martensen


Un libro que nos adentra en el misterio de la realización del hombre en el Amor.A través de sus capítulos, el autor nos ayuda a reflexionar sobre la propia identidad como imágen de Dios y a la conciencia del cultivo de la eternidad, en lo cotidiano de la vida temporal. Nos muestra que significa "el amor a nosotros mismos" desde una perspectiva, madura y sana.No es en el egocentrísmo en donde nos desarrollamos como personas, sino en el amor donde crecemos y alcanzámos la verdadera realización.Si bien este texto ha surgido dentro de la experiencia de su autor en la Iglesia Católica, su contenido tiene mucho para aportar a quienes desean crecer en el conocimiento de si mismos, y seguir buscando el crecimiento y la madurez del amor.El Padre Ricardo Mártensen, sacerdote jesuíta es fundador del Movimiento de la Palabra de Dios, perteneciente a la Iglesia Católica. Desde 1974 se ha dedicado a la formación de jóvenes en el compromiso con la evangelización de la cultura y el desarrollo de una civilización nueva basada en la experiencia de la vida de oración y el compromiso con la fe católica.