El Evangelio

Evangelio según San Lucas 9,51-62.
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

viernes, 27 de noviembre de 2009

Sobre la aventura de ser psicólogo católico en tiempos de crisis


Es necesario ser más congruentes con nuestra identidad de católicos


Para empezar, es necesario informar que existimos los psicólogos católicos. Coincido con un compañero, no me gustan las etiquetas; no voy por el mundo presentándome: «Buenas tardes, soy Yusi Cervantes, psicóloga católica», ni dice tal cosa en mi anuncio del directorio telefónico. Sin embargo, en las primeras reuniones que hemos tenido, un grupo de colegas hemos encontrado que es necesario ser más congruentes con nuestra identidad de católicos.

La aventura comenzó para muchos de nosotros en la universidad (me refiero a quienes no estudiamos en universidades de inspiración cristiana). Ahí fue atacada duramente nuestra fe. Se nos dijo que la religión es enajenante, que ser cristiano es un defecto y que nuestra fe en Dios equivale a creer en mitos y supersticiones. Pero no eran solamente los maestros y los compañeros: encontramos ataques a nuestra religión en libros de texto y artículos diversos. Soportamos estoicamente esos ataques, sobrevivimos a las confusiones que a veces éstos nos provocaban, hicimos oídos sordos a las ideas contrarias a nuestra fe; pero, desgraciadamente, no teníamos ni la madurez ni la preparación suficiente como para defender nuestras creencias.

Ya titulados, con frecuencia hemos sido vistos con desconfianza por algunos colegas. Nos consideran poco serios como profesionistas, y desde su punto de vista es lógico: si para ellos la fe entra en la categoría de superstición, entonces equivale, casi, a echar las cartas y cosas de ese tipo. ¿Cómo podrían entonces tomarnos en serio? En cuanto a los posibles pacientes, hay también quienes no confían en un psicólogo que sepan que es católico. Pero no terminan aquí nuestras dificultades. Así como muchos psicólogos nos atacan por ser católicos, muchos católicos desconfían de nosotros por ser psicólogos. Con frecuencia las personas no acuden a buscar nuestra ayuda porque les han dicho que vamos a destruir su fe y les vamos a sembrar ideas contrarias a su religión. Aquí debo decir que las personas que dan tales consejos tal vez no sepan que los psicólogos, sin importar nuestra fe, tenemos un código de ética que nos dicta el respeto hacia las creencias religiosas de nuestros pacientes, cualesquiera que sean. Y que, por otro lado, existimos los psicólogos católicos que no solamente respetamos la fe de nuestros pacientes, sino que la comprendemos porque la compartimos.Otro mal consejo que reciben muchas personas que sufren por problemas emocionales es que no acudan a recibir ayuda psicológica porque no es necesaria. «Pídele a Dios, eso es suficiente», les dicen. A este argumento yo respondo que, efectivamente, Dios es todopoderoso y puede, cuando así lo desea, sanar cualquier mal sin la ayuda de ningún medio humano. Pero no suele hacerlo. Nos ha creado en comunidad y desea que nos sirvamos unos a otros. No ir al psicólogo cuando tenemos problemas emocionales equivale a no ir al médico cuando tenemos una hemorragia o, en otro campo, no consultar a un abogado cuando recibimos una demanda legal, y ponernos, en cambio, a rezar. Rezar está bien, por supuesto, es imprescindible, pero también tenemos el deber de procurarnos los medios humanos para resolver nuestros problemas. Éstos y otros asuntos han surgido en nuestras reuniones. Tenemos muchas inquietudes y deseos de servicio.

(Fuente: Catholic.net /Autor: Yusi Cervantes Leyzaola)

No hay comentarios:

Publicar un comentario