El Evangelio

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

domingo, 24 de abril de 2011

Nota: "Santo Tomás, ¿psicólogo?"


La actividad correspondiente a lo que en nuestros días se denomina Psicología fue desarrollada en modo eminente, aunque por supuesto diferente en su contexto, modalidad, resultados y objetivos, por Santo Tomás de Aquino en su dimensión de -humanista-.

La afirmación que acabamos de formular contiene una tesis de la mayor importancia. En efecto, envuelve una gran cantidad de datos especulativos y valorativos acerca de su pensamiento y de nuestra situación actual, así como, en parte, un proyecto de acción cultural.

El casi instintivo rechazo que produce en algunos la aserción arriba consignada, por otra parte, no es independiente de los factores más profundos que determinan el desarrollo de la honda crisis en la que se encuentra la cultura cristiana y católica. En efecto, muchos ven aquí, con razón, un punto en el que se dividen las aguas respecto de la relación del cristianismo con la cultura moderna. Muchos, además, no quieren sacar las consecuencias que se derivan en términos de combate cultural de admitir que Santo Tomás se refiere a la cosa misma a la que también se refieren Freud, Jung, Adler, Frankl.

La admisión de esta verdad, para muchos, equivale a la renuncia a navegar en el río que arrastra la cultura contemporánea; y a ello no están dispuestos. Freud, sin embargo, para reducirnos sólo al más influyente de los psicólogos, sabía muy bien que él intentaba dar otra explicación a lo mismo que toda la más genuina tradición cristiana había declarado desde la fe. La renuencia a admitirlo por parte de los teólogos, filósofos, y psicólogos que se consideran católicos, además de su superficial conocimiento de la doctrina de Freud y de otros psicólogos clásicos, manifiesta su falta de claridad epistemológica y eventualmente su debilidad profunda para extraer a fondo las consecuencia de su fe. En efecto, como nos enseña el Concilio Vaticano II, en realidad el misterio del hombre solamente encuentra verdadera luz en el misterio del Verbo encarnado.(2) Y no se trata simplemente de aquello de lo que se ocupa la antropología filosófica, sino muy especialmente de la condición concreta del hombre al que Cristo vino a salvar.

De esa condición concreta, a sus últimos niveles de profundidad, trata Freud, y también Santo Tomás. Naturalmente, uno desde su ateísmo nietzscheano, y el otro desde la luz de la Escritura divina y de la razón natural.

Algunos tomistas, al tratar acerca del ámbito psicológico, apelan al principio de
que -la gracia supone la naturaleza y la eleva-, para fundar la necesidad de una terapéutica psicológica que prepare el camino de la gracia, como condición para su eficacia. Sutilmente, caen en una concepción profundamente contraria a la de Santo Tomás, para el cual, fundándose sobre San Agustín, nunca podría haber una disposición natural humana para lo sobrenatural gratuito. Es siempre desde la gracia, al contrario, que la naturaleza puede restaurarse o recomponerse, desde la que el hombre, radicalmente, puede curarse, si estamos al nivel propiamente humano y no meramente psiquiátrico o médico.

Lejos de estar relegada a algunos puntos particulares, como por ejemplo el tratado de las pasiones, las doctrinas tomistas sobre las que podría apoyarse una verdadera psicología que no caiga en las trampas que acompañan la condición moderna -y que, a diferencia de la filosofía, no puede ser sino cristiana, por referirse al hombre históricamente considerado- abarcan la mayor parte del pensamiento del Aquinate.

Demos una rápida idea de ello a partir de la estructura y los temas sólo de la Suma de Teología. La primera parte de esta obra trata acerca de Dios y su creación. Y aquí acerca de los ángeles y los hombres.

Cualquier psicología digna de este nombre debe fundarse sobre un adecuado conocimiento de la naturaleza humana del sujeto concreto que quiere ayudar y conocer.

Lamentablemente, la casi totalidad de las corrientes psicológicas contemporáneas adolecen de gravísimos defectos en este orden, que limitan en la práctica su eficacia positiva, y, por el contrario, las convierten tantas veces en instrumentos de profundas deformaciones humanas. La trampa consiste aquí en la aceptación acrítica lamentablemente también por parte de muchos cristianos, del principio freudiano de que la psicología, tal como Freud mismo la estableció como psicoanálisis, consiste en una verdadera ciencia con objeto propio, y distinto perfectamente de la antropología filosófica y de la antropología teológica. La falta de precisión especulativa juega aquí un papel capital, sumada, por supuesto, a la carencia de connaturalidad profunda con la plenitud de la vida humana y cristiana.

En este sentido, los claros principios de la antropología filosófica tomista deben
jugar un papel capital para la reconstrucción de una auténtica psicología en el ámbito cristiano. No se podrá conocer nunca al hombre concreto sin entender la inteligencia, la voluntad, el alma humana, sus potencias sensitivas, en resumen,
el verdadero ser y funcionamiento profundo la verdadera psicología profunda de la persona humana. Sólo la superficialidad de pensamiento podría intentar una verdadera síntesis especulativa entre la doctrina filosófica clásica sobre el hombre, tal como aparece formulada en Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, y la psicología de Freud, Jung, Frankl, Piaget, Lacan, Kohut y muchos otros.

Por quedarnos solamente en la dimensión que determina esencial y radicalmente toda la condición humana, la concepción de la inteligencia de estos autores es no sólo profundamente insuficiente, sino también profundamente distorsionada. En este campo delicadísimo, del que dependen todos los otros que se refieren al hombre, las ilusiones concordistas solo podrían conducir a errores fatales de muy negativas consecuencias, especialmente en el ámbito de la vida cristiana.

El tratado acerca de los ángeles, en el que Santo Tomás desarrolla toda su maestría, sólo aparentemente, y, por supuesto, para los que no tienen profunda fe y profunda experiencia de la vida, puede quedar fuera del ámbito de la verdadera psicología. San Ignacio de Loyola mostró de modo insuperable, en la práctica, lo que significa la influencia constante de la parte principal de la realidad natural, el mundo de los ángeles, sobre la vida de los hombre, en sentido positivo y en sentido negativo. La experiencia de la dirección espiritual, demuestra, por otra parte, que las más enrevesadas situaciones humanas no pueden resolverse con prescindencia de la acción de los ángeles buenos y malos sobre la vida de los hombres. Por otra parte, el pecado original, del que Santo Tomás trata largamente en la Prima Secundae de la Summa, es capital para entender la situación y el
funcionamiento concreto de la vida de los hombres.(3)

Todo lo que el hombre hace y padece, desde el más elemental sentimiento hasta la aceptación plena de la Redención de Cristo, está afectado por la referencia a ese drama del principio de la humanidad. Freud mismo, a su manera, da testimonio de que no se puede entender la vida humana prescindiendo de la culpa, y especialmente de la culpa original, de la cual para él el hombre no puede sino estar orgulloso, pues tomando consciencia de ella llega verdaderamente a ser lo que es, hombre racional. La presencia determinante de la culpa original en el mundo somete a éste, según toda la línea constante de la antropología teológica ortodoxa, hasta la del último Catecismo de la Iglesia Católica, al poder del demonio y de los demonios, que lo tienen esclavizado, obrando especialmente sobre la imaginación y la afectividad sensitiva, que son las facultades en las que se centra fundamentalmente la vida psíquica de la mayoría de los hombres.(4)

No se trata, pues, de un dato meramente teórico sino sólo para aquellos que no conocen profundamente el funcionamiento de la existencia concreta de los hombres, individual y socialmente considerados. Santo Tomás, entre otros grandes maestros de la auténtica sabiduría cristiana, puede ser una guía luminosa en este campo.

Toda la Segunda Parte de la Suma, dedicada a estudiar al hombre como imagen de Dios, es un gran tratado de psicología fundamental, no sólo teórica sino también práctica. Desde aquí podría comenzarse una verdadera obra de reconstitución de la psicología cristiana. Esta debería discernir, desde la fe y lo que la recta razón descubre acerca del hombre concreto a la luz de la revelación, todo aquello que el desarrollo de la cultura posterior a Santo Tomás aporta como positivo y como negativo para la comprensión de la naturaleza humana dinámicamente considerada, y para la ayuda práctica en orden a subsanar las deficiencias del hombre concreto. El principio que guía al Aquinate es el del hombre como creado a imagen de Dios, y destinado y elevado al orden sobrenatural. Es imposible absolutamente comprender la situación de la persona concreta -que implica la totalidad de lo que alguien es- fuera de este orden.

La consideración del fin del hombre con la que comienza la Prima Secundae es del todo capital en psicología.(5) Y es aquí donde se sitúa, coherentemente con la deficientísima concepción de la inteligencia, una de las fatales fallas de las corrientes psicológicas contemporáneas, con la notable excepción parcial -en este punto determinado-, de la de Alfred Adler, que considera principalmente la función de la finalidad en la vida humana. Si el fin es lo más importante en la conducta, y el único fin último de todos los hombres tengan o no la gracia es la Beatitud,(6) es claro que sin la consideración de la situación del hombre concreto respecto de ella será ininteligible el verdadero significado del complejo de realidades y fenómenos que la determinan, y será imposible también toda ayuda verdaderamente eficaz y no dañina -por ejemplo, en el psicoanálisis freudiano, según su idea fundamental, haciendo consciente la inconsciente rebelión contra la autoridad paterna de Dios, que determina la concreción de la vida humana en general en cuanto desconectada de la gracia-.

Si la psicología ha de desarrollarse en un nivel verdaderamente científico y eficaz, en contraste con la impresionante confusión que reina en el estudio de la psicología contemporánea, cuando logra a veces superar el nivel meramente extrínseco en la consideración del hombre, común a las ciencias biológicas y físicas, para asomarse al nivel de la vida humana-, no podrá prescindir de la comprensión precisa y técnica de los actos humanos en cuanto tales, distintos de los actos meramente del hombre, como son los actos inconscientes de todo tipo.

Es lo que Santo Tomás trata a continuación de la Beatitud en la Prima Secundae.(7) Es especialmente importante en este punto la adecuada captación del funcionamiento de la voluntad espiritual, la potencia humana más dejada de lado en la psicología de nuestros días, y, por otra parte, la más deteriorada en la condición del hombre concreto.(8)
Llegamos así al tratado de las pasiones.(9) Estas no pueden ser entendidas independientemente de su radicación en el alma humana espiritual, y de su
función respecto de los actos de las potencias superiores. El significado concreto de los actos de las pasiones sólo puede captarse en su situación respecto de los actos espirituales. Esta idea está presente unilateralmente y de manera deformada en el mismo Freud, para el cual toda la vida psíquica es camino para la plena realización de lo que él entiende que es la razón.

Santo Tomás nos provee de una consideración más completa y detallada de la vida psíquica al nivel de los actos inferiores a la razón y la voluntad, dándonos, además, los instrumentos para considerarlos en su verdadero significado concreto, al entenderlos respecto del verdadero funcionamiento de la razón y la voluntad
humanas, y respecto del último fin. Abundan en este punto las observaciones verdaderamente -psicológicas- de Santo Tomás, según la imprecisa e ideológica significación contemporánea del término -psicología-.

El tratado acerca de los hábitos, las virtudes, los dones del Espíritu Santo, las bienaventuranzas y los frutos del Espíritu Santo constituyen el núcleo de una psicología positiva, dirigida al desarrollo natural y sobrenatural del hombre contra la tendencia unilateral contemporánea a la consideración del hombre desde el punto de vista de la patología.(10)

En efecto, las psicologías contemporáneas consideran la naturaleza humana corrupta con la ayuda de doctrinas filosóficas profundamente pesimistas, como son las de Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger y los posmodernos, sin tener connaturalidad para comprender un desarrollo verdadero y sano de la naturaleza humana -de hecho imposible sin la gracia divina, de la que huyen como de la muerte, y aún más, porque como Freud señala, el fin de la vida, para ellos, es la muerte-.(11)

Una verdadera consideración del funcionamiento positivo de la naturaleza humana restaurada por la gracia haría imposible la trágica confusión de tantos psicólogos concordistas católicos, que con su muchas veces afectada ingenuidad
introducen el principio de la muerte dentro de la doctrina de la vida corrompiéndola desde adentro en la vida concreta de sus pacientes, en el sentido literal de la palabra.

Si se intenta relacionar la neurosis de la que trata la psicología o las psicologías contemporáneas con la noción de pecado de la antropología teológica cristiana, normalmente se produce una violenta reacción adversa. Tal reacción se vería notablemente atenuada, o aún desaparecería por completo si se estudiase con seriedad el tratado sobre el pecado que Santo Tomás hace
seguir al de las virtudes en la Prima Secundae. Se captaría así la amplitud de su
significado y su dramática incidencia real a múltiples niveles, sobre todo
estructurales, en la vida concreta del hombre.(12) Pero es sobre todo el tema del
pecado original, que el Aquinate trata en las cuestiones 82 y 83, el que está en el
centro de la atención de Freud, e inconscientemente, se lo quiera admitir o no,
en el núcleo de toda la actividad psicológica contemporánea que está
configurada según la actitud freudiana. En efecto, el psicoanálisis de Freud,
como método y técnica, es intrínsecamente solidario de su intento fundamental
de hacer consciente del modo más pleno la rebelión del hombre contra Dios
Padre, radicada en la estructura inconsciente de sus vicios y pasiones no
restauradas por el influjo de la gracia.

Para Freud, como para Nietzsche, que es
su fuente secreta de pensamiento, el hombre se hace verdaderamente lo que es
en su oposición consciente contra Dios y en la pretensión de ocupar su lugar.(13)

Por otra parte, muchas distorsiones teológicas contemporáneas, que tienen como punto de fuerza una inadecuada concepción del pecado original por influjo y asimilación, a veces consciente, de las filosofías idealistas, entran en una simbiosis del todo natural con el pensamiento freudiano y psicológico en general -que aunque se oponga a los dogmas de Freud parcialmente, está
moldeado muchas veces sobre sus exigencias y pretensiones, y produce resultados semejantes, más allá de las intenciones de los psicoterapeutas-.

La Prima Secundae se cierra con la consideración de dos temas capitales en psicología: la ley (14) y la gracia.(15) El hombre no puede realizarse autónomamente sin la ayuda de Dios que es el autor de ambas. Ningún psicólogo podría con su terapia reemplazar la ley ni ayudar al sujeto a crearse una pseudo-ley subjetiva según las propias inclinaciones personales y las circunstancias de su vida -como en cambio pretenden solapadamente muchas teologías morales contemporáneas-. Tanto menos podría reemplazar la acción de la gracia, la única que ordena al hombre a su verdadero fin y que evita las profundas distorsiones de la personalidad. El verdadero psicólogo, aún a nivel meramente humano, ayudará a su atendido a descubrir las implicaciones.

Autor: Ignacio Andereggen
Fuente: a-equinas

miércoles, 20 de abril de 2011

Invitación: Obra de teatro sobre "La Pasión y Resurrección de Jesús"


INVITACION-INVITACION-INVITACION

Parroquia Santa Maria de Los Angeles y Grupo de Teatro del Centro de Santa Maria presentan:

"Pasión y Resurrección de Jesús"
...Obra de Teatro Musical

Viernes 22 de Abril a las 19.30 hs puntual
Parroquia Santa María de los Angeles
Romulo S. Naón 3250 (y Manuela Pedraza)
Coghlan - CABA
Te dejan los colectivos
19, 41, 67, 76

Los esperamos!!!!

miércoles, 30 de marzo de 2011

Chiara Lubich, un ejemplo de vida, fué homenajeada en el congreso


En plena Segunda Guerra Mundial, fundó el movimiento Focolares, que tiene como base el amor recíproco. Su aporte llegó al mundo social, político y económico. Recibió el premio Unesco de Educación para la Paz en 1996 y obtuvo 16 honoris causa. Falleció en el 2008.

Chiara Lubich,homenajeEra 1943 y Europa atravesaba uno de los peores horrores de su historia: la Segunda Guerra Mundial. Chiara Lubich, una mujer de poco más de 20 años, decidió creer que se podía combatir tanto horror con solidaridad y apertura. Así fue que, junto a otras jóvenes, empezaron a ayudar a gente que había quedado sin casa, separada de sus familias y sin comida. Crearon una suerte de red de solidaridad para que quienes más tenían pudieran compartir con los que estaban en peores condiciones.

En el marco del mes internacional de la mujer, ayer se realizó un homenaje a las 18:30 en el auditorio de la Cámara de Diputados para destacar el aporte de Chiara a la cultura, política y sociedad. Ella, que recibió el Premio Unesco de Educación para la Paz, fue recordada por amigos y seguidores en una celebración en la que expusieron, entre otros, la diputada Margarita Stolbizer y María Cristina Perceval, subsecretaria de promoción de Derechos Humanos de la Nación.

El caos suele ser muchas veces el escenario necesario para que surjan esperanzas. Así fue que en medio de la desolación de la guerra, Chiara y un grupo de amigas, dieron origen al Movimiento de Focolares, que luego se extendió al resto de los continentes. El término "focolares" significa "fuego de hogar" y fue elegido porque representa el "fuego" del amor evangélico que animaba a Chiara, según se detalla en la página oficial de este "pueblo", como les gusta autodenominarse.

La finalidad de los Focolares es "contribuir a la fraternidad universal y componer la unidad en la diversidad de la familia humana", se lee en un documento de este movimiento, que cuenta con más de dos millones de adherentes y simpatizantes de distintas comunidades religiosas: judíos, musulmanes, budistas, hindúes y taoístas.

Chiara nació en Trento el 22 de Enero de 1920. Si bien sus padres la bautizaron como Silvina, ella adoptó el nombre de Chiara (Clara), por su admiración a Clara de Asis. Vivió una infancia muy pobre: su padre, socialista perdió su empleo por sus ideas políticas y desde muy joven se dedicó a dar clases.

El 7 de diciembre de 1943 marcó un hito en la vida de esta mujer, porque fue en ese momento, con tan solo 23 años, que asumió su compromiso con Dios, en la iglesia de los Capuchinos de Trento.

El movimiento empezó a tomar tintes ecuménicos en 1961, momento en que Chiara comunicó su experiencia, a un grupo evangélico-luterano, en Darmstadt, Alemania. Así empezó la difusión a otras iglesias, que se profundizó en los años 70.

Respecto de cómo vivió ella su vínculo con el movimiento, en una entrevista realizada por Sandra Hogget en 2002, en Italia, dijo: "Yo hablo mucho de amor pero ha sido un carisma de luz, me hizo ver, me hizo entender desde el principio que habríamos llegado, por decir así, a todo el mundo".

Cristina Calvo, economista y asesora regional par Caritas de America Latina y el Caribe, conoció a Chiara en 1985 y dice que la impactó porque fue una persona que "descubrió el para qué, el sentido y lo hizo pensando en un bien para la humanidad".

La premisa de base de los Focolares es el amor recíproco; y esta forma de concebir la vida se manifiesta en distintas áreas, desde la política hasta lo social pasando por lo económico.

En este último sentido, Calvo, explica que se desarrolló un proyecto de economía de comunión, que implica "una manera de redistribución de la riqueza que permite, no sólo compartir las utilidades de las empresas con los empleados, sino también que tiene en cuenta las relaciones con los empleados desde una perspectiva de responsabilidad social basada en la persona". Cuenta que en la actualidad hay 800 empresas en todo el mundo que adhieren a este sistema.

El aporte de Chiara fue reconocido por el mundo entero. En el ámbito académico, fue distinguida con 16 doctorados honoris causa por su contribución a la cultura, y en 1996 recibió el Premio Unesco de Educación para la Paz.

"El impacto de su presencia es de una persona de mucha luz, de una búsqueda insaciable de la verdad", concluye Calvo.

Lubich murió el 14 de marzo de 2008. Así contó Estela De Carlotto cómo vivió la noticia de su fallecimiento: "Lloro a una hermana y agradezco a Dios que haya existido por todo el bien que ha hizo y porque su ejemplo seguirá haciendo por los siglos de los siglos el bien".

Fuente Clarin.com
29/03/11

viernes, 18 de marzo de 2011

Psicología con tratamiento espiritual


Entrevista al Dr. Martín Echavarría: Director de Estudios de Psicología, Universidad Abat Oliba, España.

En la actualidad es difícil plantear una psicología intrínsecamente cristiana, que en sus fundamentos, contenidos y métodos sea en todo fiel al mensaje cristiano y constituya una herramienta eficaz para la perfección humana. Los intentos por lograr estos objetivos han inquietado a numerosos pensadores y ha suscitado no pocas polémicas en medio de una cultura secularizada, pues se trata de aspirar a una psicología que lleve a las personas al encuentro de la verdad sobre sí mismos y su realidad, basados en una recta visión del hombre, como unidad psicobioespiritual. Los psicólogos católicos consideran que el ejercicio de la profesión no puede limitarse sólo a un tratamiento psíquico, sino que debe orientarse a mirar el problema de fondo, que involucra la relación de la persona con Dios.

Respecto a este tema conversó con Areópago el Dr. Martín Echavarría, Licenciado en Psicología y Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Argentina (1997), Doctor en Filosofía del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma (2004) y actual Director de Estudios de Psicología de la Universitat Abat Oliba, en Barcelona, España.

¿Cuáles son los elementos que desde la psicología y la filosofía entran en juego a la hora de hablar de evangelizar cultura?

La filosofía juega un papel muy importante en el diálogo entre razón y fe, por lo tanto, la filosofía sirve de mediadora entre la fe, la teología y las disciplinas científicas particulares, de manera especial las ciencias sociales y las ciencias humanas. Evangelizar en esos ámbitos significa tener en cuenta la antropología filosófica, la filosofía moral, etc. El papel de la filosofía es muy claro y es un papel que hay que fomentar. Sería bueno que las universidades católicas tuvieran la Filosofía no sólo como carrera sino en todos los estudios, con una formación filosófica sistemática.

La psicología juega un papel a otro nivel, vivimos en una sociedad muy secularizada, para bien o para mal, mucha gente que recurría al sacerdocio ya no recurre más, incluso gente con fe y sin fe, y ahí el papel del psicólogo católico: no solamente es seguir a nivel del trastorno psíquico si lo hay, sino muchas veces debemos enderezar la vida de la persona hasta que reconozca la necesidad de un “tratamiento espiritual” a su verdadero problema de fondo que es su relación con Dios.

¿Es posible mantener una relación entre psicología y religión? Hay quienes cuestionan esa relación...

Es un prejuicio lamentablemente muy extendido, hay quienes lo hacen con buena intención de una mala intelección de la distinción entre razón y fe, saber natural y teología. La distinción no implica una separación sobre todo en la comprensión del hombre concreto y eso es lo que intenta la psicología práctica, por lo menos. La otra cosa es una psicología práctica académica, el estudio de la percepción. Yo creo que allí se puede hacer abstracción del tema de la gracia, del tema de la fe, en la comprensión del hombre concreto cuyos problemas vitales y existenciales que pone ante el psicólogo son, en última instancia, problemas que no tienen solución radical y profunda sino desde una relación con Dios, y la relación es clara. Hay temas que son muy técnicos, y más técnicos no quiere decir que no tengan una dimensión humana y teológica también, si es el caso de la fobia, la ansiedad, etc. Tal vez hay una vía muy técnica y muy concreta de ayudar a resolver esto, sin negar que hay una perspectiva teológica dependiendo del tema. La gente va al psicólogo por mucho más que resolver un problema concreto, va porque no tiene orientación en la vida, porque se siente frustrada, quiere autorealizarse y necesita alguien que le ayude a empinarse a sí misma para desarrollarse mejor. Y aquí es clara la necesidad, por parte del psicólogo, de la formación teórica y práctica muy honda desde el punto de vista cristiano.

¿Cuáles son los elementos de la tradición cristiana necesarios para el desarrollo de una Psicología “fiel” al pensamiento cristiano?

Magisterio pontificio sobre la psicología hay muy poco, Pablo VI tiene algunas alocuciones a los psicólogos, Juan Pablo II tiene varias intervenciones en ese sentido. Hay tres puntos que son claves y que han mencionado tanto Pío XII como Juan Pablo II, que son: la conciencia de la dignidad de la persona, que se basa en que el hombre ha sido creado por Dios, a imagen y semejanza suya, y ahí en los detalles se derivan muchas consecuencias importantes para la psicología. El segundo elemento es que la humanidad está caída por el pecado original, por lo cual existen consecuencias muy concretas y dramáticas para la vida de la persona a nivel de sus emociones, de sus relaciones con los demás, de su unidad y equilibrio psicológico, unidad entre su parte emocional y su razón, de sus creencias. Y el tercer elemento es que podemos recibir la gracia de Dios, la gracia santificante tiene un efecto elevante, pero primero que nada sanante, la gracia sana nuestra naturaleza, sana nuestros desequilibrios emocionales, todos recibimos inicialmente la gracia en la sustancia, en el alma como decía Santo Tomás, pero desde allí la gracia deriva, emana como un torrente hacia nuestras facultades, hacia nuestros actos y toda nuestra vida, y cambia verdaderamente la vida. Como decía Pío XII, sin los datos que mencionaba antes, la personalidad cristiana resulta incomprensible y la psicología, sobre todo la aplicada, se expone a incomprensiones y errores. Si ignoramos los efectos concretos que estas realidades tienen en la vida psíquica, concreta y que experimentamos todos los días en los hombres, realidades que conocemos por Revelación, no las podríamos comprender.


El psicoanálisis tiene profundas implicancias filosóficas y culturales, que ha generado diversas confusiones en diferentes ámbitos de la vida cristiana. ¿Cómo contrarrestar tal influencia?

Yo creo que el análisis subjetivo del pensamiento, por lo menos de Freud, muestra claramente la incompatibilidad de su pensamiento con la visión cristiana del hombre. Creo que las vías son muchas y la principal es la de la formación universitaria. Si nuestras universidades católicas enseñan el psicoanálisis como la mejor psicología, la única posible, esto no se va a solucionar. La solución de este tema pasa por las universidades, por la investigación, por el estudio, por la enseñanza. Lo que pasa es que en este camino no hemos ni comenzado a andar, nos movemos en soluciones de compromiso, ponemos en las cátedras gente conocida de distintas corrientes que nos resulta confiable, como si lo que tuviéramos que hacer es optar por una corriente u optar por gente confiable, y no lo que es la tarea de la universidad (católica): repensar los temas desde sus fundamentos a la luz de la razón y de la fe. Esto en otras áreas se ha trabajado más, en educación, en derecho, en medicina, en bioética, pero en psicología esto está casi virgen.

Has escrito algunos artículos sobre el psicólogo católico Rudolf Allers. Éste plantea que el pecado es la base de la sicopatología, ¿qué piensas acerca de eso?

Allers es un autor de un período concreto del desarrollo de la psicología, y tiene muchos puntos fuertes que yo creo que merecen la pena recuperarse: en primer lugar es el único representante verdaderamente católico en la época clásica de la psicoterapia, está en un momento clave del desarrollo de la psicoterapia y psicoterapia no se entiende sino desde esa época. Fue alumno de Freud, discípulo de Adler, maestro de Frankl, en fin, estuvo en una época crucial y fue el único representante católico fiel a los principios básicos de una antropología cristiana. Creo que es un autor que merece ser destacado, merece recordarse, incluso ser una especie de emblema de un repensamiento, replanteamiento de la psicología y en particular de la psicoterapia. En segundo lugar, en algunos puntos concretos hay observaciones muy importantes, aunque muy discutidas, como por ejemplo la relación establecida por él entre el desorden moral y el desorden psicológico, lo que se llama el carácter neurótico, creo que ahí hay unas observaciones muy inteligentes que pueden ser precisadas, mejoradas, pero que poca gente ha hecho con la lucidez que ha hecho Allers.

¿Si la psicología estudia al hombre y busca darle respuesta a sus necesidades por qué crees que no tiene una antropología de base?

La psicoterapia moderna, la psicoterapia del s. XX es elaborada por médicos inicialmente, neurólogos y psiquiatras. Estos neuropsiquiatras por la mentalidad en que surge la psicoterapia, finales del s. XIX, ya han formado una mentalidad positivista, que por principio no sólo cierra e ignora lo filosófico, lo teológico, sino que lo combate. En segundo lugar, porque muchos de los autores principales están imbuidos de ideologías anticristianas, comprenden la psicoterapia como una alternativa a la guía espiritual cristiana. La psicoterapia nació en un ambiente ideológico hostil al cristianismo: ambiente positivista, formación científica de personas que son médicos y por otra parte, ya en una cuestión más voluntaria, una ideología de combate contra la antropología cristiana.

Y ese ambiente hostil continúa...por lo tanto la influencia de la psicología católica es débil...

Una influencia prácticamente nula y ambientes no sólo extracristianos. Una tarea totalmente por hacer y no se llegará a eso del todo si no llegamos a las universidades católicas porque las iniciativas individuales dependen de la fuerza individual y la fuerza individual no puede poner tiempo y dinero en proyectos de investigación que son fundamento muy necesario para una labor sistemática, coherente, y proponible de una psicología cristiana, de una psicología de verdad.

De cara a la reunión de Aparecida, como psicólogo y filósofo ¿cuáles son los puntos en los que se debería centrar el diálogo en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano?


Yo creo que hay un gran tema que atraviesa muchas de las áreas, es el tema de la educación católica, en colegios y particularmente de cara al futuro de la nueva evangelización, en las universidades católicas...Yo creo que ahí hay un gran tema, el de la educación católica y en particular el de las universidades católicas, porque cada vez más la tendencia será la influencia de lo académico,
y además, lo lógico es que crezca el número de personas en la universidad, por lo cual yo creo que es un punto fundamental.

Fuente: ACAPSI

miércoles, 2 de febrero de 2011

"Psicología de la conversión: Tipos de conversión, crisis, obstáculos y desenlace"


"Por eso muchas veces comienza por ser una reorganización interna de los principios intelectuales que presiden la vida moral y afectiva del individuo. La transformación ha de ser amplia y profunda en el complejo de la actividad pensante y moral del individuo, como lo fue en los que llamamos grandes convertidos: San Pablo, San Agustín, Raimundo Lulio, etc."

No tomamos en cuenta aquí las conversiones superficiales, es decir, aquellas que no son permanentes y duraderas; éstas en el fondo pueden llamarse falsas o menos auténticas.


1. Tipos de conversión

No todas las facultades del convertido se convierten o transforman en el mismo momento o con la misma profundidad; pero siempre repercuten en todo su ser. De ahí que pueda establecerse una clasificación. De este modo tenemos:

1) Según el término en que desemboca la conversión se habla de conversiones a la fe (en ellas es la inteligencia la que primariamente se transforma con un nuevo contenido intelectual), conversiones a la gracia (se trata del paso a la gracia después de una vida de pecado; aquí es la voluntad y la vida pasional o afectiva las que parecen principalmente transformadas), y conversiones a la perfección (designando con esto el trabajo serio por la santidad; en espiritualidad se habla en este sentido de "segunda conversión").

2) Según el modo en que se producen, se pueden distinguir las conversiones comunes u ordinarias (aquellas que se realizan sin sobrepasar los límites de lo normal, de lo ordinario, sin fenómenos extraordinarios), las conversiones extraordinarias (las que se producen de modo misterioso, con predominio de influjos extraordinarios de la gracia, y son a veces el comienzo de una vida intensamente mística), las conversiones graduales y prolongadas (aquellas en que todo el proceso toma su tiempo, como en el caso de Newman o de Vernon Johnson), las conversiones fulgurantes o repentinas (como la de San Pablo, Alfonso Ratisbona, Paul Claudel), y las conversiones con luchas y contrastes (que parecen caracterizarse por largas luchas interiores, como los casos de San Agustín, Libermann).

3) Por razón de la causa cabe distinguir entre conversiones intelectuales-discursivas (en éstas predomina psicológicamente el trabajo lento y discursivo de la inteligencia como se ve, por ejemplo, en Newman –descrita en su Apologia pro vita sua–, Manning –Por qué me convertí al catolicismo–; el trabajo intelectual no es el único porque siempre la voluntad y afecto, presupuesta la racionalidad de la fe, empujan y determinan en este trabajo), conversiones intuitivas (en estas parece como si la luz se hiciera en un momento de intuición, en el cual el convertido es ilustrado repentinamente por Dios; así, por ejemplo, San Pablo camino a Damasco –cf. He 9,1-9–, el judío Alfonso Ratisbona mientras visitaba la iglesia de Sant’Andrea delle Fratre en Roma, etc.), y las conversiones volitivas (aquellas en que el factor principal parece ser la voluntad deliberada; éstas son más frecuentes en la conversión a la vida de la gracia y en las conversiones a la perfección).

2. El proceso psicológico

La conversión se caracteriza –psicológicamente hablando– por un doble "sentimiento": una sensación de crisis y un fuerte deseo de Dios.

Toda conversión comienza por una crisis o una situación relacionada con alguna especie de sufrimiento (que puede ser físico, moral o espiritual), es decir, con una dialéctica interior. Junto a esto se da una convicción más o menos profunda y al menos confusa de que sólo en Dios el alma puede encontrar tranquilidad en esa lucha. Si sólo se da el aspecto de crisis, el proceso no terminaría en conversión sino en desesperación y tal vez en el suicidio.

Las formas más comunes de la crisis son tres:

1) Crisis moral: parte de la experiencia del pecado, como conciencia de bancarrota moral y sentido de suciedad; se caracteriza por el remordimiento causado por los pecados cometidos, por el sentimiento de vacío interior y por el ansia de paz interior. Muchas veces el alma se comporta inicialmente como huyendo de esa mirada hacia su adentro. Un testimonio más que elocuente es este texto de las Confesiones de San Agustín: "Narraba estas cosas Ponticiano, y mientras él hablaba, tú, Señor, me trastocabas a mí mismo, quitándome de mi espalda, adonde yo me había puesto para no verme, y poniéndome delante de mi rostro para que viese cuán feo era, cuán deforme y sucio, manchado y ulceroso. Veíame y llenábame de horror, pero no tenía adónde huir de mí mismo. Y si intentaba apartar la vista de mí, con la narración que me hacía Ponticiano, de nuevo me ponías frente a mí y me arrojabas contra mis ojos, para que descubriese mi iniquidad y la odiase. Bien la conocía, pero la disimulaba, y reprimía, y olvidaba"4

2) Crisis espiritual: se da más bien en la segunda conversión o despegue hacia la santidad. Se caracteriza por la conciencia de la mediocridad y superficialidad de vida. No es más fácil que la conversión del pecado a la gracia; porque a este converso le parece que se le pide todo y que abandone todo y no entiende el verdadero sentido de la libertad. Es la crisis que no pasó, por ejemplo, el joven rico del Evangelio.

3) Crisis física: tiene lugar por una catástrofe inesperada tal como el enfrentarse a la muerte de un ser querido, una enfermedad, un fracaso, o cualquier sufrimiento que obliga al alma a plantearse el sentido de la vida, o la dirección de su vida. René Bazin ha escrito en Etapas de mi vida: "Dios es el Pastor. El dolor es su perro. A veces muerde con fuerza, pero es para su bien". Cuando el dolor golpea a la puerta de un hombre "el alma se ve de improviso obligada a mirar dentro de sí misma, a examinar las raíces de su ser y escrutar en los abismos de su espíritu... La historia de las conversiones de todos los tiempos está llena de documentos que confirman el papel redentor que a menudo juega el dolor"5,. Así Máximo Acri encontró a Dios en los campos de concentración, Francesco Cornelutti lo hizo ante la vista de sus seres queridos moribundos, el oficial de las S.S. alemanas Olvald Pohl, en la cárcel de criminales de guerra antes de su ejecución.

Para introducir la crisis que lleva a una persona a la conversión, Dios se sirve de medios sumamente diversos, no atándose a ningún medio humano. A veces es el ejemplo de una persona santa, cuya presencia y modo de ser golpea y acusa al converso (ejemplo de esto tenemos en la conversión de Agostino Gemelli6); otras veces, es algo puramente fortuito, que los lleva a pensar sobre la vida y el destino (como vemos, verbigracia, en la conversión del barón de Eckersdorff7).

Junto con esta crisis se da en la psicología del convertido el deseo de purificación del pecado, de alcanzar la paz del alma, o directamente deseo del mismo Dios. A veces toma la forma de "que se es buscado por Alguien" y suele mezclarse con cierto miedo a entregarse a ese Alguien por temor a ser totalmente "devorado" o "absolutizado" por Él; hay sobre esto magníficas descripciones como la de Francis Thompson en El Lebrel del Cielo o Miguel de Unamuno en El Cristo de Velázquez.

Escribe Thompson (en la versión de Carlos Sáenz):

Le huía noche y día
a través de los arcos de los años,
y le huía a porfía
por entre los tortuosos aledaños
de mi alma...

He escalado esperanzas,
me he hundido en el abismo deleznable,
para huir de los Pasos que me alcanzan:
persecución sin prisa, imperturbable,
inminencia prevista y sin contraste.

Los oigo resonar... y aún más fuerte
una Voz que me advierte:
"Todo te deja, porque me dejaste".


Unamuno dice algo semejante:

...Y con amor furioso
persigues a quien amas, y si te huye
le acosas con ahínco y acorralas
sin dejarle vivir; de sed se muere,
y tiembla detenerse en los arroyos
ante tus fieros ojos en acecho
de víctimas. Temblando a lo que anhela,
cree sentir tras las rocas resoplidos
de tu resuello, y cuando, al fin, rindiéndose,
de ojos cerrados, tu zarpazo espera,
parado el corazón, de hielo el rostro,
siente tu sangre que la sed le apaga,
siente el abrazo de la dulce muerte
que le lleva a la vida a que escapaba,
y que es comerte ser por ti comido.
¡Rey del desierto, León de Judá!


3. Obstáculos para la conversión

Los obstáculos que más frecuentemente retrasan el acto de fe y la conversión suelen ser de dos órdenes: intelectivos o morales.

1) Obstáculos de orden intelectual. Propiamente no se trata de obstáculos racionales sino de prejuicios de orden filosófico e intelectual. La Iglesia no tiene miedo a la razón; al contrario, mientras más rigurosa es la razón más abre camino para una aceptación serena de la fe. La fe, lejos de suprimir la razón y la libertad del espíritu, la refuerza maravillosamente. Es elocuente a este respecto el diálogo entre la atea –luego conversa– Greta Palmer y Mons. Fulton Sheen: "La segunda vez que se encontraron le dice estas palabras: ‘No se preocupe de ponerme argumentos racionales a favor del Catolicismo. Estoy ya dispuesta a admitir que el entendimiento es un arma despuntada, incapaz de tener razón en los argumentos que más me molestan. El hombre, en efecto, ha comenzado a razonar desde el primer momento en que comenzó a existir y ha terminado en Hiroshima. Hábleme de la fe, sólo de la fe; independientemente del entendimiento’. Mons. Fulton Sheen le responde: ‘No se puede menospreciar la razón. Este es el error cometido por los seguidores de Hitler. Precisamente por esto hay gente que cree que un hombre en Moscú, en Idaho, puede ser un Dios, sólo por el hecho de que él afirma que lo es. Deje que le diga lo que nosotros los católicos creemos y, si su razón lo rechaza, váyase en paz, que yo la bendigo. Pero le ruego, como amigo, que no se niegue a emplear el entendimiento’"8.

Armando Carlini, otro converso, decía: "Sólo el hombre religioso, sólo el Filósofo cristiano está plenamente libre en el pensamiento. Como la mayor parte de los convertidos, he hallado en la Iglesia católica una libertad que ensancha el espíritu, exactamente lo contrario de lo que temen muchos de aquellos que están fuera de la llamada construcción dogmática de la Iglesia. Jamás me he sentido limitado, encajonado, estorbado por el sistema dogmático de la Iglesia"9.

Los obstáculos son, pues, prejuicios. Especialmente tienen lugar en almas imbuidas de racionalismo, panteísmo, materialismo, agnosticismo o escepticismo. Junto a la profesión de estas doctrinas hay que señalar también otras causas, como por ejemplo: la ignorancia religiosa, la falta de un mínimo espíritu de reflexión, la deficiente preparación filosófica que incapacita para pensar metafísicamente; la inadaptación mental en sus formas de hipercrítica, escrupulosidad intelectual, etc. También hay que añadir los defectos de un espíritu exclusivamente técnico o defectuosamente especializado que intenta aplicar métodos apropiados para unas ciencias (por ejemplo, matemáticas o fenomenológicas) al campo filosófico o histórico.

Significativo es el testimonio de la ya citada conversa Greta Palmer: "Leí libros mucho más precisos que los de Chesterton. Leí también obras anticatólicas. Pero, examinadas críticamente, éstas presentaban siempre puntos vulnerables. Las razones del catolicismo presentadas por Santo Tomás no ofrecían, en cambio, motivos de excusa. Mi conversión estuvo llena de repugnancia. Llamé a todas las puertas para asegurarme de que tras ellas había algo más que el vacío, antes de llegar a admitir que esta única puerta estuviese de verdad abierta sobre los secretos del universo. Descubrí que toda dificultad, toda duda que quedaba de mi ateísmo había sido respetuosamente examinada y resuelta siglos antes de que yo existiera. Vi que no existe hecho o hipótesis de la moderna física y astronomía que no puedan ser confortablemente recibidos en brazos de la Iglesia. Descubrí que, históricamente hablando, la gente parece querer dejar la Iglesia porque está deseosa de cosas prohibidas, pero no deseosa de verdades profundas"10.

2) Obstáculos morales. A pesar de cuanto pudiera parecer los principales obstáculos para la conversión –incluso para la conversión a la fe– no vienen del intelecto sino de la voluntad.

Entre estos hay que indicar, en primer lugar, el orgullo. Manuel García Morente ha escrito: "Ante el problema de Dios los filósofos modernos suelen sentir extraordinario pavor y tiemblan literalmente cuando en el horizonte de sus meditaciones surge majestuosa, pero indeseada para ellos, la imponente noción del ser por sí, acaso porque en esta coyuntura la filosofía moderna no tiene la conciencia muy limpia"11.

También hay que añadir el deseo de gloria humana, como dice el mismo Jesús: ¿Cómo podéis creer vosotros que buscáis la gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene sólo de Dios? (Jn 5,43-44). Asimismo la falta de docilidad a Dios y la sensualidad que quiere seguir apegada a sus desordenes morales, etc.


4. El desenlace de la conversión

La conversión sincera trae para el convertido una experiencia totalmente única que se manifiesta en forma de "descubrimientos"; en efecto, los convertidos –según sus propios testimonios– experimentan uno o varios de estos efectos12:

–El descubrimiento de la razón: muchos temen inicialmente que "creer" signifique renunciar a la libertad de espíritu y a la propia razón, pero terminan dándose cuenta de que la fe, lejos de suprimir la razón y la libertad del espíritu, refuerza uno y otra.

–El descubrimiento de nuevos horizontes: "Ha pasado más de un año de mi conversión –escribía George Harrison– y cada semana se abren nuevas puertas, se consiguen nuevas experiencias, las raíces se profundizan"13. El general Pohl, antes de su ejecución confesó que siempre había temido que el catolicismo fuese la negación de su personalidad, pero después de aceptarlo en la cárcel dejó escrito: "el catolicismo es, en su misma esencial, el sí a todo el hombre, al hombre en la plenitud de su vida"14.

–El descubrimiento de una religión ideal: o sea, de la verdad que satisface en plenitud la mente y el corazón.

–El descubrimiento de la libertad: el convertido vuelve a sentirse dueño de sí mismo y al mirar hacia atrás comprende que fue verdadera esclavitud la presunta libertad sin Dios, que antes poseía. Mons. Knox escribió: "Había supuesto que el resultado inmediato de mi sumisión a Roma sería la impresión de tener mi libertad coartada de mil maneras... Estaba dispuesto a sufrir esto; en cambio, ¡es curioso!, sucedió precisamente todo lo contrario: me sentí, y me sigo sintiendo, invadido por una maravillosa sensación de libertad, la magnífica libertad de los hijos de Dios"15.

–El descubrimiento de la luz, la vida y el sentido: muchos convertidos descubren que la vida, las cosas y los acontecimientos humanos adquieren un nuevo significado, y que viejos problemas encuentran en el cristianismo soluciones sencillas pero totalmente satisfactorias. Sobre su propio caso dijo Owen Francis Dudley: "Me habían dicho que, si me hacía católico, mi mente se vería cohibida y mi religión sofocada; que no podría volver a pensar por mi propia cuenta. Pero he visto lo contrario: que la Iglesia católica me coloca sobre una plataforma de verdad, desde la que hasta una pobre mente como la mía, puede elevarse a alturas inconmensurables. He hallado la verdad que libera al hombre. Me habían dicho que en la Iglesia católica todo se estancaba o estaba en decadencia. En cambio, he visto que la misma vida de Dios late en todas las venas del Cuerpo Místico. Fue como salir de una pequeña habitación cerrada, con las ventanas atrancadas, y hallarme, de buenas a primeras, sobre la cima de un alto monte, en torno al cual soplan todos los vientos del cielo. Aquí he hallado la vida"16.

–El descubrimiento del gozo: Chesterton al convertirse afirmó: "Es demasiado hermoso para ser verdadero; pero es verdadero"17. "El cristianismo –dijo por su cuenta Luis Santucci– es capaz de sepultar con una palada de gozo un abismo de dolores"18. Cuanto más largo y sembrado de dificultades esté el camino de la fe, tanto mayor es la alegría que se experimenta cuando se ha llegado a la meta.


PSICOLOGÍA Y TEOLOGÍA DE LA CONVERSIÓN
R.P. Dr. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

viernes, 14 de enero de 2011

Libro recomendado: "Por que es Santo" de ODER SLAWOMIR


"POR QUE ES SANTO"

EL VERDADERO JUAN PABLO II POR EL POSTULADOR DE CAUSA DE SU BEATIFICACION


Un día, cuando era seminarista en Cracovia, Karol Wojtyla encontró pegada en la puerta de su habitación una nota que rezaba: "FUTURO SANTO." Se trataba de una broma de sus compañeros, que hoy se revela como profética. En 2005, Benedicto XVI dio por iniciado el proceso de canonización de Juan Pablo II y designó como postulador a monseñor Slawomir Oder, que en este libro excepcional ofrece en exclusiva los entresijos de su trabajo de recogida de documentos y testimonios, arrojando de este modo luz sobre aspectos ignorados y esenciales de la vida de Juan Pablo II, que contribuyen a un conocimiento mejor de esta figura esencial de la Iglesia y del siglo XX.

miércoles, 5 de enero de 2011

Retiro de Sanación

Teléfono : 4206-8633
Parroquia Santa Rosa de Lima, Wilde Avellaneda