El Evangelio

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

lunes, 21 de septiembre de 2009

Libro recomendado: "BUSCAR LA SANTIDAD-Un desafío cotidiano" de Mirta E. Ridruejo


“Sean santos porque yo soy santo”, nos dice la Palabra de Dios (1 Ped. 1, 16). Buscar la santidad es una propuesta que el mismo Jesús nos hace. Es una invitación aseguir al Maestro y estar con Él para aprender a vivir como Él vivió en el aquí y ahora de nuestra existencia.
La santidad como vocación es para el hombre es un don y una tarea. Don, porque la gracia ha sido derramada, y tarea, por el trabajo personal que supone responder a este llamado. Por eso también es un desafío, porque la invitación a ser santos no es “para los altares”, sino para la vida cotidiana.
En estas páginas, llenos de vitalidad, la autora ofrece su síntesis personal – a partir del acompañamiento pastoral de hermanos en la fe y de su propia vida–, de la experiencia recogida sobre este camino de transformación y trabajo de las virtudes para alcanzar la santidad.
En 1974 Mirta Ridruejo, con apenas 16 años de edad y siendo estudiante secundaria, ingresó en los llamados entonces “grupos juveniles de oración” con lo que se iniciaba lo que hoy es El Movimiento de la Palabra de Dios. Madre de familia, odontóloga, finalizando la Maestría en Ética Biomédica de la UCA, pertenece a una comunidad discipular de la Obra y desde allí ofrece su vida en el servicio pastoral.

martes, 15 de septiembre de 2009

La creatividad


La creatividad es una potencialidad psicológica presente en mayor o menor grado en todas las personas. Esta puede entenderse como la capacidad para establecer relaciones no evidentes entre las cosas, siendo a la vez, camino de construcción, donde se interpela la realidad y puede transformársela.

Dentro de los procesos creativos, posee un singular valor la fantasía. Ella es un recurso interno, útil para distanciarse del mundo externo, cuando el procesamiento del dolor y la ansiedad, así lo demandan. Pero, al mismo tiempo, es un puente que conecta lo interno, lo propio, con lo real del afuera, mejorando las condiciones del sujeto para introducirse de regreso en su vida.La expresión del ser en la consolidación de vínculos afectivos, el arte, la opción de resolver conflictos y el juego, constituyen ejemplos del uso de la fantasía, que guarda estrecha relación con el desarrollo de la creatividad.El juego inestructurado, en donde el insumo está en la propia fantasía, genera procesos de elaboración psíquica, por medio de los cuales, los pequeños logran apropiar la realidad, en sus aspectos placenteros y dolorosos, conocer el mundo y al mismo tiempo, recrearlo desde el aporte de su propia imaginación. Para jugar así, no se requiere de tecnología, ni de costosos entrenamientos. Respecto de los vínculos afectivos, vale la pena recordar a OSHO, quien refiriéndose al amor, precisamente lo sustrae del pensamiento productivo, cuando dice:“(…) Un hombre tenso no puede amar. ¿Por qué? Porque vive siempre con un propósito. Puede ganar dinero, pero no puede amar, porque el amor no tiene un propósito. El amor no es un producto, no puedes acumularlo ni ingresarlo en una cuenta bancaria, ni tampoco fortalecer tu ego con él. (…) El dinero lo ganas para algo, es un medio. Construyes una casa para vivir en ella: es un medio. El amor es el fin en sí mismo; por eso la mente calculadora, lógica, que funciona a base de propósitos, no puede amar. (…)”.Y efectivamente, muchas veces, el tiempo donde florece lo amoroso y donde acontece lo creativo es aquel que puede no ser circunscrito de antemano en una agenda, hecho que invita a apreciar lo que transcurre en el ámbito de la existencia misma, que no siempre tiene que expresarse en un hacer y hacer cosas, casi que de manera compulsiva.En el escenario de la familia, el propiciar momentos libres de planeación, puede facilitar que actividades como las señaladas y el estar allí, unos con otros, resalten el valor del existir sobre el hacer, siendo esto de vital importancia para que la creatividad emerja. Resulta interesante considerar estos aspectos, como una otra mirada, cuando las vacaciones plantean la pregunta por los tiempos familiares. Combinar para los padres, las actividades productivas y a la vez, disponer de momentos para compartir con los chicos, genera ansiedad, puesto que no siempre es fácil. Si a eso adicionamos, la lógica del hacer, como única opción válida para utilizar el tiempo, el conflicto no da espera y se empeora cuando no se poseen los recursos económicos para matricular a los niños, en los diferentes cursos de temporada. Por eso, desde una reivindicación del existir, independientemente del dinero y de la agenda estructurada que pretende conjurar el “aburrimiento”, es viable considerar en las familias, que es en la cotidianidad, donde quizás se encuentran los elementos más valiosas para el desarrollo y la salud emocional de sus integrantes.“Si su vida cotidiana le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que no es lo bastante poeta como para conjurar sus riquezas: pues para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre e indiferente” Rainer Marie Rilke, “Cartas a un joven poeta”.


(Autor: Sofía Uribe Arbeláez

Fuente: elcatolicismo.com)

miércoles, 26 de agosto de 2009

Despenalización y pobreza


Comunicado sobre la despenalización - sacerdotes para las villas de emergencia de La Vicaría de Jóvenes Buenos Aires

Ante el fallo de la Corte Suprema de Justicia del día de hoy, quienes integramos el Equipo de Sacerdotes para las Villas expresamos a continuación nuestra humilde opinión, que ratifica plenamente aquellas reflexiones que se hicieran públicas . Nosotros somos respetuosos de los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Valoramos su autoridad. Además creemos en el valor de las instituciones para el crecimiento de nuestra Nación. Por otro lado nuestra palabra sobre la despenalización no pretende ocupar el lugar que tiene la palabra de la Conferencia Episcopal Argentina sobre este tema. Con espíritu de aportar al diálogo –ofreciendo el propio pensamiento y buscando integrar el pensamiento diferente- y no de confrontar, hicimos público nuestro documento: “La droga en las Villas: despenalizada de hecho”. Queríamos defender a nuestros vecinos villeros -estigmatizados por tantas cosas-, afirmando que una cosa es la Villa y otra el narcotráfico. Y señalar que los primeros que sufren las consecuencias del narcotráfico son los habitantes de estos barrios humildes. El Evangelio de Jesús nos invita a pararnos en las periferias geográficas y existenciales y desde allí mirar. Nos invita a entrar en comunión con los más pobres, y desde los pobres llegar a todos. Este camino desde los pobres a todos nos parece un programa más que valido a la hora de trazar políticas de Estado, a la hora de legislar y a la hora de juzgar. Muchos de los niños, adolescentes y jóvenes de nuestros barrios no viven sino que sobreviven y muchas veces la oferta de la droga les llega antes que un ambiente dichoso y sano para jugar, llega antes que la escuela, o llega antes que un lugar para aprender un oficio y poder tener un trabajo digno. Se acortan así las posibilidades de darle un sentido positivo a la vida. “Hoy, fundamentalmente, en nuestra cultura la dignidad de la vida se juega en el eje inclusión-exclusión; comunión-aislamiento” (Carta pastoral de la CEA, del 20 de agosto del 2009. Nº 22) No pretendemos que la responsabilidad frente a esta situación de desigualdad de oportunidades quede sólo en manos del Estado. La solidaridad es en primer lugar que todos nos sintamos responsables de todos. (Cf. CIV 38) Nos preguntamos: ¿cómo decodifican los chicos de nuestros barrios la afirmación de que es legal la tenencia y el consumo personal? Nos parece que al no haber una política de educación y prevención de adicciones intensa, reiterativa y operativa se aumenta la posibilidad de inducir al consumo de sustancias que dañan el organismo. La experiencia de acompañar a jóvenes en el camino de recuperación y reinserción social nos ha permitido escuchar el testimonio de muchos que han empezado consumiendo pequeña cantidad de marihuana y de pronto se encontraron consumiendo drogas más dañinas aun como el paco. La vida se les volvió ingobernable. Por eso desde nuestro punto de vista las drogas no dan libertad sino que esclavizan. La despenalización a nuestro parecer influiría en el imaginario social instalando la idea de que las drogas no hacen tanto daño. Vemos la buena intención de los que buscan no criminalizar al adicto, es una locura criminalizar la enfermedad. Pero intentemos pararnos nuevamente desde la perspectiva de las familias más vulnerables. Sin un buen sistema de salud, sin políticas fuertes de prevención, sin un sistema educativo realmente inclusivo y eficiente, el único encuentro del adicto y su familia – que pide ayuda- con el Estado es la justicia. Despenalizar en estas condiciones, es dejar abandonado al adicto, no hacerse cargo de su derecho a la salud. La dinámica misma de la adicción, lleva muchas veces a hacer cualquier cosa para satisfacer el deseo de consumo. El próximo encuentro entre el Estado y el adicto ya no será en la enfermedad, sino en el delito que a veces nace de ella. Usando una imagen podríamos decir entonces que la discusión sobre la despenalización corresponde a los últimos capítulos del libro y no a los primeros. Pedimos a la Virgen de Luján, Madre del Pueblo, que cuide y proteja a sus hijos que padecen el flagelo de la droga, de fuerzas a sus familias y luz a nuestra sociedad para generar vínculos de promoción y solidaridad.

Equipo de Sacerdotes para las Villas de emergencia de la Ciudad de Buenos Aires.Buenos Aires, 25 de Agosto de 2009

jueves, 20 de agosto de 2009

Nota: Sobre la depresión


Mensaje de Juan Pablo II a la XVIII Conferencia Internacional sobre la Depresión


«La clave para ayudar a una persona con depresión es el amor y la oración. Las personas que cuidan de los enfermos deprimidos deben ayudar a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro, las ganas de vivir. Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida, en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos, dignos, en una palabra, de amar y de ser amados.
En el camino espiritual son de gran ayuda la lectura y la meditación de los salmos, el rezo del Rosario, la participación en la Eucaristía, fuente de paz interior. La difusión de los estados depresivos es preocupante. Se manifiestan fragilidades humanas, psicológicas y espirituales, que al menos en parte son inducidas por la sociedad. Es importante ser conscientes de las repercusiones que tienen los mensajes transmitidos por los medios de comunicación sobre las personas, al exaltar el consumismo, la satisfacción inmediata de los deseos, la carrera a un bienestar material cada vez mayor. Es necesario proponer nuevas vías, para que cada uno pueda construir la propia personalidad, cultivando la vida espiritual, fundamento de una existencia madura. La Iglesia y la sociedad deben proponer a las personas, especialmente a los jóvenes, figuras y experiencias que les ayuden a crecer en el plano humano, psicológico, moral y espiritual. La ausencia de puntos de referencia contribuye a crear personalidades más frágiles, llevando a considerar que todos los comportamientos son semejantes.Juegan un papel relevante la familia, la escuela, los movimientos juveniles, las asociaciones parroquiales.También es significativo el papel de las instituciones públicas para asegurar condiciones de vida dignas, en particular, a las personas abandonadas, enfermas, ancianas. Son igualmente necesarias las políticas para la juventud, que ofrezcan a las nuevas generaciones motivos de esperanza, preservándolas del vacío o de otros peligros».
(Fuente: Catholic.net)

jueves, 13 de agosto de 2009

Aportes: ¿Cómo balancear una saludable vida mental con la vida espiritual?


El ser humano es una unidad biopsicoespiritual, cada una de las dimensiones de la persona esta interconectada, influyendo en la otra, lo primero que vemos es lo externo, nuestro cuerpo, con el cual nos reconocemos a nosotros mismos y nos permite relacionarnos con los demás y con nuestro entorno, pero más profundo que esto es nuestra dimensión psicológica, donde se encuentran nuestras emociones, pensamientos, nuestra aproximación a la realidad. Y más profunda todavía está nuestra dimensión espiritual, el lugar donde esta nuestra mismidad, lo que hace que seamos quienes somos, donde se establece la relación con Dios, es aquí donde experimentamos nuestro anhelo de trascendencia y de encuentro con Dios. Cuando una está mal, las otras dos también se ven afectadas.

Siendo las tres dimensiones muy importantes, la espiritual tiene una supremacía sobre las demás, pues el área donde nos relacionamos con el Señor y por ende encontramos la verdad acerca de quiénes somos en realidad, al saber quiénes somos desde la verdad, lo psicológico va a estar fundamentado desde lo esencial y no desde lo que creemos ser o lo que buscamos ser para ganar la aprobación de los demás. Estar en paz espiritualmente es la garantía para una verdadera salud mental, pero al mismo tiempo trabajar en el propio conocimiento personal de nuestros pensamientos, sentimientos, nos ayudará a tomar cada día más conciencia. Las tres dimensiones interactúan entre sí, lo cual significa que debemos fortalecerlas para poder lograr el equilibrio que tanto deseamos.

(Fuente: acapsi.com /Autor: Victoria Vázquez)

miércoles, 5 de agosto de 2009

Nota: Sobre la Felicidad, reportaje al P.Ignacio Larrañaga


¿Es posible que el hombre sea realmente feliz?


P. Larrañaga: Aunque mágica, la palabra felicidad no deja de ser una palabra equívoca. En realidad nadie es feliz, completamente feliz. Puede haber momentos de éxtasis o exaltación y en esos momentos parece que se ha llegado a la plenitud de la felicidad; pero ¡vana ilusión!, son momentos efímeros, fugaces. Puede haber ráfagas de felicidad, copas de alegría, pero ¿la´ felicidad misma? No. Lo que aborta la felicidad es el sufrimiento, y aquí podemos establecer una ley de proporcionalidad; cuanto más sufrimiento, menos felicidad; cuanto menos sufrimiento, más felicidad. «El arte de ser feliz» enseña a eliminar o aminorar cualquier sufrimiento y, por este camino, enseña no a ser feliz, pero sí a ser más feliz. He ahí el arte.


Un hombre que sufre enfermedad o dolor físico, ¿puede ser feliz?


P. Larrañaga: Se puede decir que cualquier dolor corporal ya ha sido eliminado con las medicinas modernas. Pero, ¿y la enfermedad? El problema de la enfermedad no es la perturbación biológica sino la resistencia mental que tiene la angustia. La angustia es el peor aguijón de la enfermedad. Un enfermo inundado de una gran paz es un enfermo feliz. Transformar la enfermedad en la «hermana enfermedad» y hacer del enfermo un «enfermo feliz». He ahí el arte.


Hoy en día vivimos pensando en tener éxito ¿Cómo prepararnos para aceptar el fracaso?


P. Larrañaga: Es verdad. Estamos inmersos en una sociedad excesivamente competitiva en la que el más fuerte, el más audaz, el más creativo se lleva la palma en una lucha sin cuartel. Por todos partes se oye el grito romano «ay de los vencidos», es decir, «ay de los fracasados». En esta sociedad no hay lugar para los fracasados; ellos son eliminados con crueldad y sin compasión. Usted me pregunta: ¿cómo aceptar el fracaso sin derrumbarse? Francamente no lo sé; o mejor, lo veo imposible. Tal vez, tan sólo en el espíritu de fe y abandono en Dios, podría suavizar el golpe y ayudarlo a mantenerse de pie. Sin fe es inevitable caerse de espaldas, hecho pedazos.


Hay gente que cree que el hombre se tortura con angustias y obsesiones porque piensa demasiado.


P. Larrañaga: No porque piensa demasiado sino porque da vueltas en su mente, e inútilmente, a hechos consumados y episodios tristes. Y de tanto dar vueltas en su cabeza a sucesos tristes de la vida, las personas se hacen temperamentalmente tristes. Los hechos que no tienen solución o la solución no está en nuestras manos ¿para qué darles vueltas en la mente? Hay que dejarlos en manos de Dios.


¿Por qué cree usted que tenemos tanto miedo a que los años se nos pasen y la muerte nos sorprenda sin haber vivido? ¿Cuál es su respuesta a los que temen la muerte?


P. Larrañaga: Es un sentimiento hondo, casi siempre inconsciente pero real: se les van pasando los años y están aproximándose al ocaso de la vida. No les falta nada. Por tenerlo todo, hasta tienen salud fisica y mental, pero están dominados por la sensación de que les falta todo. Si les preguntamos por la razón de su vivir, responderán que no la tienen. Es el vacío, la oscura sensación de que se les va la vida sin haberla vivido. Su existencia no ha sido gratificante. ¿Respuesta a los que temen la muerte? No es fácil responder. Es un fenómeno de gran complejidad. Ese temor, para los que no tienen fe, participa del «horror vacui», horror al vacío. Desde luego es un temor irracional: se debería pensar mil veces en la ley universal de que lo que comienza, acaba, ley respetada por todos los seres de la creación, excepto por el hombre.


Al igual que aprendemos a leer, escribir... ¿tenemos que aprender a ser felices? ¿Depende de nosotros o de las circunstancias que nos toque vivir?


P. Larrañaga: En la época prehumana, los animales no se hacían problemas para vivir. Todos sus problemas los encontraban solucionados mediante mecanismos instintivos con los que resolvían, casi mecánicamente, sus necesidades elementales. Los animales no pueden ser más felices de lo que son. No tienen problemas. No se aburren. El hombre, en cambio, desde que sale a la luz, todo son problemas: tiene que comenzar a respirar, alimentarse, a andar, a hablar... y así, a lo largo de los años, y hasta la muerte, su existencia es un eterno aprender a vivir y ser felices. Es verdad que hay personalidades genéticamente proclives a la tristeza, otras a la alegría. También es verdad que ciertas circunstancias de la vida pueden favorecer u obstaculizar la dicha del vivir.


En la actualidad disponemos de muchos medios materiales, avances tecnológicos... pero la gente parece más individualista, nerviosa, dispersiva, en una palabra, menos feliz. ¿Tendremos que huir a una isla desierta para ser felices?


P. Larrañaga: Efectivamente, la sociedad moderna es asesina, digamos así, porque acaba por desintegrar lo más sagrado del hombre que es la unidad interior y la estabilidad emocional. Y por ahí sobrevienen la dispersión, el estrés, y podemos aproximamos peligrosamente hacia la depresión, y todo esto en medio de la sensación generalizada de desasosiego. Para salvamos de una sociedad tan desestabilizadora no necesitamos retiramos a una isla solitaria. Pero tampoco se nos va a regalar la dicha de vivir como un presente de Navidad.


Usted da mucha importancia a la oración, ¿necesita de ella para vivir con alegría?


P. Larrañaga: Pienso absolutamente que el trato de amistad y la relación personal con Dios favorece enormemente, casi decididamente, la libertad interior, la ausencia del miedo y la alegría de vivir. Además sospecho que la oración y la actitud de abandono son el único camino de la paz profunda. De todas maneras pienso que los golpes rudos de la vida nos despedazarán inevitablemente si Dios está totalmente ausente del corazón.


Y si no tienes fe ¿puedes ser igualmente feliz?


P. Larrañaga: Comprendo que puede haber hombres y mujeres completamente agnósticos e igualmente felices. Pero esto por excepción. El hombre, sin fe, tiene que sentir un gran vacío, allá, en la última soledad del ser, en aquel pozo infinito que sólo un infinito puede llenar.


(Fuente: catholic.net)

lunes, 3 de agosto de 2009

¡Feliz Día del Párroco!


Texto (Extractos) del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (Sábado 28 de julio de 2007)

"El 4 de Agosto, Fiesta del Santo Cura de Ars, se celebra el día del Párroco. Es una fiesta que quisiera recordar en la vida de la Iglesia. En la Parroquia el sacerdote vive de una manera plena y concreta la misión de Jesucristo, el Buen Pastor. La Parroquia abarca toda nuestra vida como hijos de Dios. En ella nacemos a la vida cristiana por el bautismo y crecemos como familia cristiana. En este ámbito local es donde se aprecia en toda su dimensión eclesial la persona y el ministerio del párroco.

En el reciente documento de Aparecida cuando se habla de la renovación de las parroquias se mira en primer lugar a la persona del párroco y se dice que: “la primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porqué sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero al mismo tiempo debe ser, continúa, un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración”. ¡Cuánta riqueza y responsabilidad pastoral pone la Iglesia sobre los hombros de este hijo suyo al que ha ordenado sacerdote para el servicio del pueblo de Dios! Cómo no valorarlo y acompañarlo en esta misión. Cuando el Código define a la parroquia como una comunidad estable de fieles, agrega que se la encomienda a un párroco, como a su pastor propio (c. 515). Esto, ser pastor propio, significa que todos tenemos en nuestro párroco una referencia de cuidado pastoral que hace a su tarea y responsabilidad, pero además, esta relación nos involucra y compromete como miembros vivos de una misma comunidad. Como vemos no se trata de un camino con sentido único que va, del párroco al fiel, sino que es necesaria también esa otra relación del fiel a su párroco. Así crece la Iglesia según el proyecto de Jesucristo. Esta relación pastor-comunidad reclama una mirada de fe para ser vivida en su originalidad y fecundidad pastoral. Fortalecer la vida e identidad de nuestras comunidades parroquiales es fortalecer la presencia viva de la Iglesia, en cada barrio, pueblo o ciudad. Por ello quiero agradecer y felicitar a nuestros párrocos en su día y elevar mi oración por su ministerio sacerdotal. Pero quisiera, además, hacerlos partícipes a ustedes en esta celebración, para que la vivan desde la intimidad de la oración personal y a través del gesto cercano de saludarlos en sus comunidades. Ellos han sido ordenados al servicio de ustedes, ellos necesitan de la presencia y la colaboración de ustedes."


(Mons. José María ArancedoArzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz / Fuente:catholic.net)