El Evangelio

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

domingo, 15 de mayo de 2011

Nota: "Creer en Dios ayuda a pelearle a la depresión"


Las convicciones religiosas podrían ser una herramienta efectiva contra la depresión, ya que creer en un Dios bondadoso podría mejorar la respuesta al tratamiento médico aplicado contra esta patología, concluyó un estudio realizado en Estados Unidos.
“La medicación tiene un rol importante en la reducción de los síntomas de la depresión. Pero los médicos deberían ser concientes del rol de la religión en la vida de sus pacientes, ya que constituye una herramienta importante al planear el tratamiento”, afirmó Patricia Murphy, de la Universidad de Rush.
Un mal frecuente
La depresión, una patología bastante habitual, consiste en una tristeza muy profunda y duradera, que interfiere en todos los aspectos de la vida cotidiana, como el laboral, familiar o social. La Organización Mundial de la Salud calcula que al menos 121 millones de personas la sufren hoy en día y que constituye una de las principales enfermedades discapacitantes. Sin embargo, menos del 25% de quienes la padecen acceden a un tratamiento médico efectivo.
Los síntomas más comunes incluyen la tristeza, desesperanza, cansancio, insomnio, ansiedad, irritabilidad, falta de interés y los problemas para concentrarse. También puede generar alteraciones físicas, especialmente en el aparto digestivo o en la intensidad de los dolores de cabeza. Los tratamientos más habituales incluyen la psicoterapia y, en caso de ser necesario, medicación.
DIOS Y ALIVIO
Los investigadores analizaron la influencia de las creencias religiosas en la batalla contra la depresión, y publicaron sus conclusiones en la Revista de Psicología Clínica. Trabajaron con 136 adultos diagnosticados con depresión, y todos respondieron una serie de preguntas destinadas a analizar sus convicciones religiosas.
Los voluntarios que creían en un Dios bueno y comprensivo tenían más posibilidades de responder al tratamiento contra la depresión, que incluyó la administración de fármacos.
Por las dudas, los autores chequearon que la buena respuesta al tratamiento no tuviera que ver con la sensación de esperanza. “En nuestro estudio, la respuesta positiva a la medicación tuvo poco que ver con la esperanza que usualmente acompaña a las convicciones espirituales. La mejora de los pacientes se asoció específicamente a la creencia en un Ser Supremo bondadoso”, concluyó Murphy.

jueves, 5 de mayo de 2011

Libro recomendado: "Orar despues de Freud" de Carlos Dominguez Morano


De siempre, el tema del valor y la función de la oración ha ocupado a teólogos y maestros de espiritualidad, así como a psicólogos y psiquiatras. La crítica de la religión llevada a cabo por Sigmund Freud planteó de un modo aún más agudo la sospecha sobre esta actividad, que hay que considerar como fundamental en la experiencia religiosa. Después de Freud, el psicoanálisis no dejó de replantearse la cuestión desde las diversas ópticas de sus distintas escuelas. El presente trabajo, que requiere por parte del lector algun conocimiento del psicoanálisis aborda el tema partiendo de las interrogaciones freudianas y en continuidad con posteriores teorizaciones psicoanalíticas sobre el hecho religioso. Las imágenes del Dios que nace en nosotros a partir de las incidencias biográficas que marcan nuestras vidas constituyen un objeto preferente de la reflexión. Orar es un acto psíquico con amplias resonancias en el campo de la afectividad. Hablamos a Dios desde nuestro deseo, y es desde ese mismo ámbito del desear, desde donde pretendemos hacer oír la voz y la voluntad de ese mismo Dios sobre nosotros. Asunto delicado, sin duda, expuesto a todo tipo de ambigüedades y en el que pueden confundirse las voces del Dios de Jesús con las de lo infantil y lo ilusorio.

domingo, 1 de mayo de 2011

Actualidad: "El Papa proclamó beato a Juan Pablo II en una multitudinaria ceremonia"


Por Por Kelly Velásquez | AFP – dom, 1 may 2011 16:53

El papa Benedicto XVI proclamó este domingo en la plaza de San Pedro "beato" a su predecesor Juan Pablo II (1978-2005) durante una imponente y multitudinaria ceremonia que congregó a más de un millón de personas provenientes de todo el mundo en la capital italiana.
El Papa, que llevaba la casulla y la mitra de Juan Pablo II, pronunció la solemne fórmula en latín con la cual elevó a la gloria de los altares a su predecesor, con quien colaboró durante 23 años.
"Concedemos que el venerado Siervo de Dios Juan Pablo II, Papa, sea de ahora en adelante llamado beato", proclamó.
Un largo aplauso y gritos de "Santo Subito" (santo de inmediato) estallaron en la plaza, llena de gente que enarbolaba banderas de numerosas nacionalidades, entre ellas polacas, españolas y brasileñas.
Para que Juan Pablo II se convierta en santo es necesario que se le reconozca un milagro en el marco de un proceso de canonización, lo que podría hacerse "dentro de unos años", explicó más tarde el número dos del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.
La emoción reinó entre los representantes de 86 delegaciones de países extranjeros
"Percibíamos el perfume de su santidad", reconoció durante su homilía Benedicto XVI, quien elogió "la fuerza de un gigante" que logró "invertir" la tendencia de "la sociedad, la cultura y los sistemas políticos y económicos" a abandonar el cristianismo.
Una inmensa fotografía de 1995 de un sonriente y saludable Karol Wojtyla, desplegada en el balcón central de la basílica, fue desvelada en el momento de la proclamación.
Bajo un sol templado, la ceremonia, en la que el Papa usó también el cáliz que Juan Pablo II empleó en los últimos años, fue transmitida en directo a numerosos países, en particular Polonia, donde miles de polacos salieron masivamente a las calles para seguir la beatificación en directo en pantallas gigantes.
En la Basílica de Guadalupe de la ciudad de México, cientos de jóvenes habían acampado desde la noche del sábado para presenciar en directo la ceremonia. Y en Centroamérica, miles de católicos celebraron el evento con vigilias, marchas y oficios religiosos.
El culto litúrgico del nuevo beato será celebrado el 22 de octubre de cada año, en el aniversario del comienzo del pontificado de Juan Pablo II en 1978.
La beatificación del primer Papa polaco de la historia, quien falleció el 2 de abril de 2005 a los 84 años tras una larga enfermedad, es el paso previo a la canonización y se llevó a cabo en un tiempo récord.
En total 22 jefes de Estado y de Gobierno asistieron al evento, entre ellos los presidentes de México, Felipe Calderón, de Honduras, Porfirio Lobo, y el controvertido presidente de Zimbabue, Robert Mugabe.
Casi todos los países latinoamericanos enviaron importantes delegaciones para rendir homenaje al pontífice que recorrió la región de punta a punta.
Ante el féretro de Juan Pablo II y una preciosa reliquia con su sangre, expuestos dentro de la basílica para la veneración, desfilaron durante horas cientos de fieles.
Benedicto XVI abrió la procesión y se recogió para orar en silencio ante el féretro de su predecesor.
Las puertas de la basílica permanecerán abiertas hasta "el último peregrino", indicó la Santa Sede, lo que debía ocurrir al amanecer.
Unas 280 personas sufrieron malestares y desmayos. El cardenal español Agustín García Gasco Vicente, de 80 años, ex arzobispo de Valencia, falleció en Roma de un infarto poco antes de la ceremonia.
La sepultura definitiva de los restos de Juan Pablo II se realizará sucesivamente en forma privada en la basílica de San Pedro, en la capilla de San Sebastián, al lado de la capilla en donde se encuentra la célebre estatua La Piedad de Miguel Ángel, en el ala derecha del templo.
La beatificación de uno de los pontífices más populares de la historia reciente, que viajó por todos los rincones del planeta y utilizó todo tipo de medios de comunicación para llevar su mensaje al mundo, convierte su papado en uno de los emblemas de la Iglesia de la era moderna.
El pontífice juvenil, deportivo, accesible, que escalaba montañas, esquiaba y bromeaba, fue inflexible hasta el final sobre temas como el control de la natalidad, el aborto y el divorcio.
"Que emoción estar aquí, no me imaginaba poder asistir", confesó la monja colombiana Patricia Fajardo, quien acudió con otros compatriotas.
La principal sombra que pesa hoy en día sobre su papado es que no haya usado contra los curas condenados por pedofilia, entre ellos el fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel, la misma intransigencia que aplicó a los sectores más progresistas de la Iglesia, como la teología de la Liberación, que apartó sin titubear de América Latina.
Una monja muestra una fotografía del papa Juan Pablo II entre la multitud de fieles asistentes a su beatificación, el 1 de mayo de 2011 en la Plaza de San Pedro, en Ciudad del Vaticano.
Un retrato del papa Juan Pablo II es desvelado en la Plaza de San Pedro, en Ciudad del Vaticano, este 1 de mayo de 2011, durante su ceremonia de beatificación.
Fechas clave del pontificado y del proceso de beatificación de Juan Pablo II, que culminará el domingo 1 de mayo de 2011, con una ceremonia presidida por el papa Benedicto XVI.

domingo, 24 de abril de 2011

Nota: "Santo Tomás, ¿psicólogo?"


La actividad correspondiente a lo que en nuestros días se denomina Psicología fue desarrollada en modo eminente, aunque por supuesto diferente en su contexto, modalidad, resultados y objetivos, por Santo Tomás de Aquino en su dimensión de -humanista-.

La afirmación que acabamos de formular contiene una tesis de la mayor importancia. En efecto, envuelve una gran cantidad de datos especulativos y valorativos acerca de su pensamiento y de nuestra situación actual, así como, en parte, un proyecto de acción cultural.

El casi instintivo rechazo que produce en algunos la aserción arriba consignada, por otra parte, no es independiente de los factores más profundos que determinan el desarrollo de la honda crisis en la que se encuentra la cultura cristiana y católica. En efecto, muchos ven aquí, con razón, un punto en el que se dividen las aguas respecto de la relación del cristianismo con la cultura moderna. Muchos, además, no quieren sacar las consecuencias que se derivan en términos de combate cultural de admitir que Santo Tomás se refiere a la cosa misma a la que también se refieren Freud, Jung, Adler, Frankl.

La admisión de esta verdad, para muchos, equivale a la renuncia a navegar en el río que arrastra la cultura contemporánea; y a ello no están dispuestos. Freud, sin embargo, para reducirnos sólo al más influyente de los psicólogos, sabía muy bien que él intentaba dar otra explicación a lo mismo que toda la más genuina tradición cristiana había declarado desde la fe. La renuencia a admitirlo por parte de los teólogos, filósofos, y psicólogos que se consideran católicos, además de su superficial conocimiento de la doctrina de Freud y de otros psicólogos clásicos, manifiesta su falta de claridad epistemológica y eventualmente su debilidad profunda para extraer a fondo las consecuencia de su fe. En efecto, como nos enseña el Concilio Vaticano II, en realidad el misterio del hombre solamente encuentra verdadera luz en el misterio del Verbo encarnado.(2) Y no se trata simplemente de aquello de lo que se ocupa la antropología filosófica, sino muy especialmente de la condición concreta del hombre al que Cristo vino a salvar.

De esa condición concreta, a sus últimos niveles de profundidad, trata Freud, y también Santo Tomás. Naturalmente, uno desde su ateísmo nietzscheano, y el otro desde la luz de la Escritura divina y de la razón natural.

Algunos tomistas, al tratar acerca del ámbito psicológico, apelan al principio de
que -la gracia supone la naturaleza y la eleva-, para fundar la necesidad de una terapéutica psicológica que prepare el camino de la gracia, como condición para su eficacia. Sutilmente, caen en una concepción profundamente contraria a la de Santo Tomás, para el cual, fundándose sobre San Agustín, nunca podría haber una disposición natural humana para lo sobrenatural gratuito. Es siempre desde la gracia, al contrario, que la naturaleza puede restaurarse o recomponerse, desde la que el hombre, radicalmente, puede curarse, si estamos al nivel propiamente humano y no meramente psiquiátrico o médico.

Lejos de estar relegada a algunos puntos particulares, como por ejemplo el tratado de las pasiones, las doctrinas tomistas sobre las que podría apoyarse una verdadera psicología que no caiga en las trampas que acompañan la condición moderna -y que, a diferencia de la filosofía, no puede ser sino cristiana, por referirse al hombre históricamente considerado- abarcan la mayor parte del pensamiento del Aquinate.

Demos una rápida idea de ello a partir de la estructura y los temas sólo de la Suma de Teología. La primera parte de esta obra trata acerca de Dios y su creación. Y aquí acerca de los ángeles y los hombres.

Cualquier psicología digna de este nombre debe fundarse sobre un adecuado conocimiento de la naturaleza humana del sujeto concreto que quiere ayudar y conocer.

Lamentablemente, la casi totalidad de las corrientes psicológicas contemporáneas adolecen de gravísimos defectos en este orden, que limitan en la práctica su eficacia positiva, y, por el contrario, las convierten tantas veces en instrumentos de profundas deformaciones humanas. La trampa consiste aquí en la aceptación acrítica lamentablemente también por parte de muchos cristianos, del principio freudiano de que la psicología, tal como Freud mismo la estableció como psicoanálisis, consiste en una verdadera ciencia con objeto propio, y distinto perfectamente de la antropología filosófica y de la antropología teológica. La falta de precisión especulativa juega aquí un papel capital, sumada, por supuesto, a la carencia de connaturalidad profunda con la plenitud de la vida humana y cristiana.

En este sentido, los claros principios de la antropología filosófica tomista deben
jugar un papel capital para la reconstrucción de una auténtica psicología en el ámbito cristiano. No se podrá conocer nunca al hombre concreto sin entender la inteligencia, la voluntad, el alma humana, sus potencias sensitivas, en resumen,
el verdadero ser y funcionamiento profundo la verdadera psicología profunda de la persona humana. Sólo la superficialidad de pensamiento podría intentar una verdadera síntesis especulativa entre la doctrina filosófica clásica sobre el hombre, tal como aparece formulada en Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, y la psicología de Freud, Jung, Frankl, Piaget, Lacan, Kohut y muchos otros.

Por quedarnos solamente en la dimensión que determina esencial y radicalmente toda la condición humana, la concepción de la inteligencia de estos autores es no sólo profundamente insuficiente, sino también profundamente distorsionada. En este campo delicadísimo, del que dependen todos los otros que se refieren al hombre, las ilusiones concordistas solo podrían conducir a errores fatales de muy negativas consecuencias, especialmente en el ámbito de la vida cristiana.

El tratado acerca de los ángeles, en el que Santo Tomás desarrolla toda su maestría, sólo aparentemente, y, por supuesto, para los que no tienen profunda fe y profunda experiencia de la vida, puede quedar fuera del ámbito de la verdadera psicología. San Ignacio de Loyola mostró de modo insuperable, en la práctica, lo que significa la influencia constante de la parte principal de la realidad natural, el mundo de los ángeles, sobre la vida de los hombre, en sentido positivo y en sentido negativo. La experiencia de la dirección espiritual, demuestra, por otra parte, que las más enrevesadas situaciones humanas no pueden resolverse con prescindencia de la acción de los ángeles buenos y malos sobre la vida de los hombres. Por otra parte, el pecado original, del que Santo Tomás trata largamente en la Prima Secundae de la Summa, es capital para entender la situación y el
funcionamiento concreto de la vida de los hombres.(3)

Todo lo que el hombre hace y padece, desde el más elemental sentimiento hasta la aceptación plena de la Redención de Cristo, está afectado por la referencia a ese drama del principio de la humanidad. Freud mismo, a su manera, da testimonio de que no se puede entender la vida humana prescindiendo de la culpa, y especialmente de la culpa original, de la cual para él el hombre no puede sino estar orgulloso, pues tomando consciencia de ella llega verdaderamente a ser lo que es, hombre racional. La presencia determinante de la culpa original en el mundo somete a éste, según toda la línea constante de la antropología teológica ortodoxa, hasta la del último Catecismo de la Iglesia Católica, al poder del demonio y de los demonios, que lo tienen esclavizado, obrando especialmente sobre la imaginación y la afectividad sensitiva, que son las facultades en las que se centra fundamentalmente la vida psíquica de la mayoría de los hombres.(4)

No se trata, pues, de un dato meramente teórico sino sólo para aquellos que no conocen profundamente el funcionamiento de la existencia concreta de los hombres, individual y socialmente considerados. Santo Tomás, entre otros grandes maestros de la auténtica sabiduría cristiana, puede ser una guía luminosa en este campo.

Toda la Segunda Parte de la Suma, dedicada a estudiar al hombre como imagen de Dios, es un gran tratado de psicología fundamental, no sólo teórica sino también práctica. Desde aquí podría comenzarse una verdadera obra de reconstitución de la psicología cristiana. Esta debería discernir, desde la fe y lo que la recta razón descubre acerca del hombre concreto a la luz de la revelación, todo aquello que el desarrollo de la cultura posterior a Santo Tomás aporta como positivo y como negativo para la comprensión de la naturaleza humana dinámicamente considerada, y para la ayuda práctica en orden a subsanar las deficiencias del hombre concreto. El principio que guía al Aquinate es el del hombre como creado a imagen de Dios, y destinado y elevado al orden sobrenatural. Es imposible absolutamente comprender la situación de la persona concreta -que implica la totalidad de lo que alguien es- fuera de este orden.

La consideración del fin del hombre con la que comienza la Prima Secundae es del todo capital en psicología.(5) Y es aquí donde se sitúa, coherentemente con la deficientísima concepción de la inteligencia, una de las fatales fallas de las corrientes psicológicas contemporáneas, con la notable excepción parcial -en este punto determinado-, de la de Alfred Adler, que considera principalmente la función de la finalidad en la vida humana. Si el fin es lo más importante en la conducta, y el único fin último de todos los hombres tengan o no la gracia es la Beatitud,(6) es claro que sin la consideración de la situación del hombre concreto respecto de ella será ininteligible el verdadero significado del complejo de realidades y fenómenos que la determinan, y será imposible también toda ayuda verdaderamente eficaz y no dañina -por ejemplo, en el psicoanálisis freudiano, según su idea fundamental, haciendo consciente la inconsciente rebelión contra la autoridad paterna de Dios, que determina la concreción de la vida humana en general en cuanto desconectada de la gracia-.

Si la psicología ha de desarrollarse en un nivel verdaderamente científico y eficaz, en contraste con la impresionante confusión que reina en el estudio de la psicología contemporánea, cuando logra a veces superar el nivel meramente extrínseco en la consideración del hombre, común a las ciencias biológicas y físicas, para asomarse al nivel de la vida humana-, no podrá prescindir de la comprensión precisa y técnica de los actos humanos en cuanto tales, distintos de los actos meramente del hombre, como son los actos inconscientes de todo tipo.

Es lo que Santo Tomás trata a continuación de la Beatitud en la Prima Secundae.(7) Es especialmente importante en este punto la adecuada captación del funcionamiento de la voluntad espiritual, la potencia humana más dejada de lado en la psicología de nuestros días, y, por otra parte, la más deteriorada en la condición del hombre concreto.(8)
Llegamos así al tratado de las pasiones.(9) Estas no pueden ser entendidas independientemente de su radicación en el alma humana espiritual, y de su
función respecto de los actos de las potencias superiores. El significado concreto de los actos de las pasiones sólo puede captarse en su situación respecto de los actos espirituales. Esta idea está presente unilateralmente y de manera deformada en el mismo Freud, para el cual toda la vida psíquica es camino para la plena realización de lo que él entiende que es la razón.

Santo Tomás nos provee de una consideración más completa y detallada de la vida psíquica al nivel de los actos inferiores a la razón y la voluntad, dándonos, además, los instrumentos para considerarlos en su verdadero significado concreto, al entenderlos respecto del verdadero funcionamiento de la razón y la voluntad
humanas, y respecto del último fin. Abundan en este punto las observaciones verdaderamente -psicológicas- de Santo Tomás, según la imprecisa e ideológica significación contemporánea del término -psicología-.

El tratado acerca de los hábitos, las virtudes, los dones del Espíritu Santo, las bienaventuranzas y los frutos del Espíritu Santo constituyen el núcleo de una psicología positiva, dirigida al desarrollo natural y sobrenatural del hombre contra la tendencia unilateral contemporánea a la consideración del hombre desde el punto de vista de la patología.(10)

En efecto, las psicologías contemporáneas consideran la naturaleza humana corrupta con la ayuda de doctrinas filosóficas profundamente pesimistas, como son las de Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger y los posmodernos, sin tener connaturalidad para comprender un desarrollo verdadero y sano de la naturaleza humana -de hecho imposible sin la gracia divina, de la que huyen como de la muerte, y aún más, porque como Freud señala, el fin de la vida, para ellos, es la muerte-.(11)

Una verdadera consideración del funcionamiento positivo de la naturaleza humana restaurada por la gracia haría imposible la trágica confusión de tantos psicólogos concordistas católicos, que con su muchas veces afectada ingenuidad
introducen el principio de la muerte dentro de la doctrina de la vida corrompiéndola desde adentro en la vida concreta de sus pacientes, en el sentido literal de la palabra.

Si se intenta relacionar la neurosis de la que trata la psicología o las psicologías contemporáneas con la noción de pecado de la antropología teológica cristiana, normalmente se produce una violenta reacción adversa. Tal reacción se vería notablemente atenuada, o aún desaparecería por completo si se estudiase con seriedad el tratado sobre el pecado que Santo Tomás hace
seguir al de las virtudes en la Prima Secundae. Se captaría así la amplitud de su
significado y su dramática incidencia real a múltiples niveles, sobre todo
estructurales, en la vida concreta del hombre.(12) Pero es sobre todo el tema del
pecado original, que el Aquinate trata en las cuestiones 82 y 83, el que está en el
centro de la atención de Freud, e inconscientemente, se lo quiera admitir o no,
en el núcleo de toda la actividad psicológica contemporánea que está
configurada según la actitud freudiana. En efecto, el psicoanálisis de Freud,
como método y técnica, es intrínsecamente solidario de su intento fundamental
de hacer consciente del modo más pleno la rebelión del hombre contra Dios
Padre, radicada en la estructura inconsciente de sus vicios y pasiones no
restauradas por el influjo de la gracia.

Para Freud, como para Nietzsche, que es
su fuente secreta de pensamiento, el hombre se hace verdaderamente lo que es
en su oposición consciente contra Dios y en la pretensión de ocupar su lugar.(13)

Por otra parte, muchas distorsiones teológicas contemporáneas, que tienen como punto de fuerza una inadecuada concepción del pecado original por influjo y asimilación, a veces consciente, de las filosofías idealistas, entran en una simbiosis del todo natural con el pensamiento freudiano y psicológico en general -que aunque se oponga a los dogmas de Freud parcialmente, está
moldeado muchas veces sobre sus exigencias y pretensiones, y produce resultados semejantes, más allá de las intenciones de los psicoterapeutas-.

La Prima Secundae se cierra con la consideración de dos temas capitales en psicología: la ley (14) y la gracia.(15) El hombre no puede realizarse autónomamente sin la ayuda de Dios que es el autor de ambas. Ningún psicólogo podría con su terapia reemplazar la ley ni ayudar al sujeto a crearse una pseudo-ley subjetiva según las propias inclinaciones personales y las circunstancias de su vida -como en cambio pretenden solapadamente muchas teologías morales contemporáneas-. Tanto menos podría reemplazar la acción de la gracia, la única que ordena al hombre a su verdadero fin y que evita las profundas distorsiones de la personalidad. El verdadero psicólogo, aún a nivel meramente humano, ayudará a su atendido a descubrir las implicaciones.

Autor: Ignacio Andereggen
Fuente: a-equinas

miércoles, 20 de abril de 2011

Invitación: Obra de teatro sobre "La Pasión y Resurrección de Jesús"


INVITACION-INVITACION-INVITACION

Parroquia Santa Maria de Los Angeles y Grupo de Teatro del Centro de Santa Maria presentan:

"Pasión y Resurrección de Jesús"
...Obra de Teatro Musical

Viernes 22 de Abril a las 19.30 hs puntual
Parroquia Santa María de los Angeles
Romulo S. Naón 3250 (y Manuela Pedraza)
Coghlan - CABA
Te dejan los colectivos
19, 41, 67, 76

Los esperamos!!!!

miércoles, 30 de marzo de 2011

Chiara Lubich, un ejemplo de vida, fué homenajeada en el congreso


En plena Segunda Guerra Mundial, fundó el movimiento Focolares, que tiene como base el amor recíproco. Su aporte llegó al mundo social, político y económico. Recibió el premio Unesco de Educación para la Paz en 1996 y obtuvo 16 honoris causa. Falleció en el 2008.

Chiara Lubich,homenajeEra 1943 y Europa atravesaba uno de los peores horrores de su historia: la Segunda Guerra Mundial. Chiara Lubich, una mujer de poco más de 20 años, decidió creer que se podía combatir tanto horror con solidaridad y apertura. Así fue que, junto a otras jóvenes, empezaron a ayudar a gente que había quedado sin casa, separada de sus familias y sin comida. Crearon una suerte de red de solidaridad para que quienes más tenían pudieran compartir con los que estaban en peores condiciones.

En el marco del mes internacional de la mujer, ayer se realizó un homenaje a las 18:30 en el auditorio de la Cámara de Diputados para destacar el aporte de Chiara a la cultura, política y sociedad. Ella, que recibió el Premio Unesco de Educación para la Paz, fue recordada por amigos y seguidores en una celebración en la que expusieron, entre otros, la diputada Margarita Stolbizer y María Cristina Perceval, subsecretaria de promoción de Derechos Humanos de la Nación.

El caos suele ser muchas veces el escenario necesario para que surjan esperanzas. Así fue que en medio de la desolación de la guerra, Chiara y un grupo de amigas, dieron origen al Movimiento de Focolares, que luego se extendió al resto de los continentes. El término "focolares" significa "fuego de hogar" y fue elegido porque representa el "fuego" del amor evangélico que animaba a Chiara, según se detalla en la página oficial de este "pueblo", como les gusta autodenominarse.

La finalidad de los Focolares es "contribuir a la fraternidad universal y componer la unidad en la diversidad de la familia humana", se lee en un documento de este movimiento, que cuenta con más de dos millones de adherentes y simpatizantes de distintas comunidades religiosas: judíos, musulmanes, budistas, hindúes y taoístas.

Chiara nació en Trento el 22 de Enero de 1920. Si bien sus padres la bautizaron como Silvina, ella adoptó el nombre de Chiara (Clara), por su admiración a Clara de Asis. Vivió una infancia muy pobre: su padre, socialista perdió su empleo por sus ideas políticas y desde muy joven se dedicó a dar clases.

El 7 de diciembre de 1943 marcó un hito en la vida de esta mujer, porque fue en ese momento, con tan solo 23 años, que asumió su compromiso con Dios, en la iglesia de los Capuchinos de Trento.

El movimiento empezó a tomar tintes ecuménicos en 1961, momento en que Chiara comunicó su experiencia, a un grupo evangélico-luterano, en Darmstadt, Alemania. Así empezó la difusión a otras iglesias, que se profundizó en los años 70.

Respecto de cómo vivió ella su vínculo con el movimiento, en una entrevista realizada por Sandra Hogget en 2002, en Italia, dijo: "Yo hablo mucho de amor pero ha sido un carisma de luz, me hizo ver, me hizo entender desde el principio que habríamos llegado, por decir así, a todo el mundo".

Cristina Calvo, economista y asesora regional par Caritas de America Latina y el Caribe, conoció a Chiara en 1985 y dice que la impactó porque fue una persona que "descubrió el para qué, el sentido y lo hizo pensando en un bien para la humanidad".

La premisa de base de los Focolares es el amor recíproco; y esta forma de concebir la vida se manifiesta en distintas áreas, desde la política hasta lo social pasando por lo económico.

En este último sentido, Calvo, explica que se desarrolló un proyecto de economía de comunión, que implica "una manera de redistribución de la riqueza que permite, no sólo compartir las utilidades de las empresas con los empleados, sino también que tiene en cuenta las relaciones con los empleados desde una perspectiva de responsabilidad social basada en la persona". Cuenta que en la actualidad hay 800 empresas en todo el mundo que adhieren a este sistema.

El aporte de Chiara fue reconocido por el mundo entero. En el ámbito académico, fue distinguida con 16 doctorados honoris causa por su contribución a la cultura, y en 1996 recibió el Premio Unesco de Educación para la Paz.

"El impacto de su presencia es de una persona de mucha luz, de una búsqueda insaciable de la verdad", concluye Calvo.

Lubich murió el 14 de marzo de 2008. Así contó Estela De Carlotto cómo vivió la noticia de su fallecimiento: "Lloro a una hermana y agradezco a Dios que haya existido por todo el bien que ha hizo y porque su ejemplo seguirá haciendo por los siglos de los siglos el bien".

Fuente Clarin.com
29/03/11

viernes, 18 de marzo de 2011

Psicología con tratamiento espiritual


Entrevista al Dr. Martín Echavarría: Director de Estudios de Psicología, Universidad Abat Oliba, España.

En la actualidad es difícil plantear una psicología intrínsecamente cristiana, que en sus fundamentos, contenidos y métodos sea en todo fiel al mensaje cristiano y constituya una herramienta eficaz para la perfección humana. Los intentos por lograr estos objetivos han inquietado a numerosos pensadores y ha suscitado no pocas polémicas en medio de una cultura secularizada, pues se trata de aspirar a una psicología que lleve a las personas al encuentro de la verdad sobre sí mismos y su realidad, basados en una recta visión del hombre, como unidad psicobioespiritual. Los psicólogos católicos consideran que el ejercicio de la profesión no puede limitarse sólo a un tratamiento psíquico, sino que debe orientarse a mirar el problema de fondo, que involucra la relación de la persona con Dios.

Respecto a este tema conversó con Areópago el Dr. Martín Echavarría, Licenciado en Psicología y Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Argentina (1997), Doctor en Filosofía del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma (2004) y actual Director de Estudios de Psicología de la Universitat Abat Oliba, en Barcelona, España.

¿Cuáles son los elementos que desde la psicología y la filosofía entran en juego a la hora de hablar de evangelizar cultura?

La filosofía juega un papel muy importante en el diálogo entre razón y fe, por lo tanto, la filosofía sirve de mediadora entre la fe, la teología y las disciplinas científicas particulares, de manera especial las ciencias sociales y las ciencias humanas. Evangelizar en esos ámbitos significa tener en cuenta la antropología filosófica, la filosofía moral, etc. El papel de la filosofía es muy claro y es un papel que hay que fomentar. Sería bueno que las universidades católicas tuvieran la Filosofía no sólo como carrera sino en todos los estudios, con una formación filosófica sistemática.

La psicología juega un papel a otro nivel, vivimos en una sociedad muy secularizada, para bien o para mal, mucha gente que recurría al sacerdocio ya no recurre más, incluso gente con fe y sin fe, y ahí el papel del psicólogo católico: no solamente es seguir a nivel del trastorno psíquico si lo hay, sino muchas veces debemos enderezar la vida de la persona hasta que reconozca la necesidad de un “tratamiento espiritual” a su verdadero problema de fondo que es su relación con Dios.

¿Es posible mantener una relación entre psicología y religión? Hay quienes cuestionan esa relación...

Es un prejuicio lamentablemente muy extendido, hay quienes lo hacen con buena intención de una mala intelección de la distinción entre razón y fe, saber natural y teología. La distinción no implica una separación sobre todo en la comprensión del hombre concreto y eso es lo que intenta la psicología práctica, por lo menos. La otra cosa es una psicología práctica académica, el estudio de la percepción. Yo creo que allí se puede hacer abstracción del tema de la gracia, del tema de la fe, en la comprensión del hombre concreto cuyos problemas vitales y existenciales que pone ante el psicólogo son, en última instancia, problemas que no tienen solución radical y profunda sino desde una relación con Dios, y la relación es clara. Hay temas que son muy técnicos, y más técnicos no quiere decir que no tengan una dimensión humana y teológica también, si es el caso de la fobia, la ansiedad, etc. Tal vez hay una vía muy técnica y muy concreta de ayudar a resolver esto, sin negar que hay una perspectiva teológica dependiendo del tema. La gente va al psicólogo por mucho más que resolver un problema concreto, va porque no tiene orientación en la vida, porque se siente frustrada, quiere autorealizarse y necesita alguien que le ayude a empinarse a sí misma para desarrollarse mejor. Y aquí es clara la necesidad, por parte del psicólogo, de la formación teórica y práctica muy honda desde el punto de vista cristiano.

¿Cuáles son los elementos de la tradición cristiana necesarios para el desarrollo de una Psicología “fiel” al pensamiento cristiano?

Magisterio pontificio sobre la psicología hay muy poco, Pablo VI tiene algunas alocuciones a los psicólogos, Juan Pablo II tiene varias intervenciones en ese sentido. Hay tres puntos que son claves y que han mencionado tanto Pío XII como Juan Pablo II, que son: la conciencia de la dignidad de la persona, que se basa en que el hombre ha sido creado por Dios, a imagen y semejanza suya, y ahí en los detalles se derivan muchas consecuencias importantes para la psicología. El segundo elemento es que la humanidad está caída por el pecado original, por lo cual existen consecuencias muy concretas y dramáticas para la vida de la persona a nivel de sus emociones, de sus relaciones con los demás, de su unidad y equilibrio psicológico, unidad entre su parte emocional y su razón, de sus creencias. Y el tercer elemento es que podemos recibir la gracia de Dios, la gracia santificante tiene un efecto elevante, pero primero que nada sanante, la gracia sana nuestra naturaleza, sana nuestros desequilibrios emocionales, todos recibimos inicialmente la gracia en la sustancia, en el alma como decía Santo Tomás, pero desde allí la gracia deriva, emana como un torrente hacia nuestras facultades, hacia nuestros actos y toda nuestra vida, y cambia verdaderamente la vida. Como decía Pío XII, sin los datos que mencionaba antes, la personalidad cristiana resulta incomprensible y la psicología, sobre todo la aplicada, se expone a incomprensiones y errores. Si ignoramos los efectos concretos que estas realidades tienen en la vida psíquica, concreta y que experimentamos todos los días en los hombres, realidades que conocemos por Revelación, no las podríamos comprender.


El psicoanálisis tiene profundas implicancias filosóficas y culturales, que ha generado diversas confusiones en diferentes ámbitos de la vida cristiana. ¿Cómo contrarrestar tal influencia?

Yo creo que el análisis subjetivo del pensamiento, por lo menos de Freud, muestra claramente la incompatibilidad de su pensamiento con la visión cristiana del hombre. Creo que las vías son muchas y la principal es la de la formación universitaria. Si nuestras universidades católicas enseñan el psicoanálisis como la mejor psicología, la única posible, esto no se va a solucionar. La solución de este tema pasa por las universidades, por la investigación, por el estudio, por la enseñanza. Lo que pasa es que en este camino no hemos ni comenzado a andar, nos movemos en soluciones de compromiso, ponemos en las cátedras gente conocida de distintas corrientes que nos resulta confiable, como si lo que tuviéramos que hacer es optar por una corriente u optar por gente confiable, y no lo que es la tarea de la universidad (católica): repensar los temas desde sus fundamentos a la luz de la razón y de la fe. Esto en otras áreas se ha trabajado más, en educación, en derecho, en medicina, en bioética, pero en psicología esto está casi virgen.

Has escrito algunos artículos sobre el psicólogo católico Rudolf Allers. Éste plantea que el pecado es la base de la sicopatología, ¿qué piensas acerca de eso?

Allers es un autor de un período concreto del desarrollo de la psicología, y tiene muchos puntos fuertes que yo creo que merecen la pena recuperarse: en primer lugar es el único representante verdaderamente católico en la época clásica de la psicoterapia, está en un momento clave del desarrollo de la psicoterapia y psicoterapia no se entiende sino desde esa época. Fue alumno de Freud, discípulo de Adler, maestro de Frankl, en fin, estuvo en una época crucial y fue el único representante católico fiel a los principios básicos de una antropología cristiana. Creo que es un autor que merece ser destacado, merece recordarse, incluso ser una especie de emblema de un repensamiento, replanteamiento de la psicología y en particular de la psicoterapia. En segundo lugar, en algunos puntos concretos hay observaciones muy importantes, aunque muy discutidas, como por ejemplo la relación establecida por él entre el desorden moral y el desorden psicológico, lo que se llama el carácter neurótico, creo que ahí hay unas observaciones muy inteligentes que pueden ser precisadas, mejoradas, pero que poca gente ha hecho con la lucidez que ha hecho Allers.

¿Si la psicología estudia al hombre y busca darle respuesta a sus necesidades por qué crees que no tiene una antropología de base?

La psicoterapia moderna, la psicoterapia del s. XX es elaborada por médicos inicialmente, neurólogos y psiquiatras. Estos neuropsiquiatras por la mentalidad en que surge la psicoterapia, finales del s. XIX, ya han formado una mentalidad positivista, que por principio no sólo cierra e ignora lo filosófico, lo teológico, sino que lo combate. En segundo lugar, porque muchos de los autores principales están imbuidos de ideologías anticristianas, comprenden la psicoterapia como una alternativa a la guía espiritual cristiana. La psicoterapia nació en un ambiente ideológico hostil al cristianismo: ambiente positivista, formación científica de personas que son médicos y por otra parte, ya en una cuestión más voluntaria, una ideología de combate contra la antropología cristiana.

Y ese ambiente hostil continúa...por lo tanto la influencia de la psicología católica es débil...

Una influencia prácticamente nula y ambientes no sólo extracristianos. Una tarea totalmente por hacer y no se llegará a eso del todo si no llegamos a las universidades católicas porque las iniciativas individuales dependen de la fuerza individual y la fuerza individual no puede poner tiempo y dinero en proyectos de investigación que son fundamento muy necesario para una labor sistemática, coherente, y proponible de una psicología cristiana, de una psicología de verdad.

De cara a la reunión de Aparecida, como psicólogo y filósofo ¿cuáles son los puntos en los que se debería centrar el diálogo en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano?


Yo creo que hay un gran tema que atraviesa muchas de las áreas, es el tema de la educación católica, en colegios y particularmente de cara al futuro de la nueva evangelización, en las universidades católicas...Yo creo que ahí hay un gran tema, el de la educación católica y en particular el de las universidades católicas, porque cada vez más la tendencia será la influencia de lo académico,
y además, lo lógico es que crezca el número de personas en la universidad, por lo cual yo creo que es un punto fundamental.

Fuente: ACAPSI